«Érase una vez en Oriente Medio»: la mirada china a la guerra de Irak llega a los cines
Por Hugo Gallego · 5 min
La película china «Érase una vez en Oriente Medio» (Welcome to Long Restaurant) aborda la guerra de Irak desde la perspectiva de un chef chino atrapado entre las fuerzas ocupantes y la insurgencia. El filme, que nunca nombra explícitamente al país, muestra a los civiles iraquíes como protagonistas y cierra con un mensaje sobre los niños víctimas de conflictos.
«Érase una vez en Oriente Medio», también conocida como «Welcome to Long Restaurant» (欢迎来龙饭馆), es la película china que aborda la guerra de Irak desde una perspectiva poco habitual en el cine bélico occidental. El filme, que ya ha llamado la atención del público internacional tras la difusión de su tráiler, narra la historia de un chef chino que regenta un restaurante en un país sin nombre —aunque las referencias al partido Baaz y al periodo histórico lo identifican claramente como Irak— justo antes de la invasión estadounidense.
El protagonista intenta mantenerse al margen del conflicto, pero tanto las fuerzas de ocupación como la insurgencia acaban infligiéndole violencia a él y a las personas que lo rodean. La película se aleja de los convencionalismos del cine de guerra estadounidense: los civiles iraquíes no son un telón de fondo, sino personajes centrales con los que la narración invierte tiempo y emoción. Tampoco recurre al filtro amarillento que suele asociarse a las representaciones de Oriente Medio en Hollywood, y el momento de la invasión, conocido como «Shock and Awe», se muestra con una estética cercana a la ciencia ficción, con un resultado visual impactante aunque poco realista.
Uno de los ejes del relato es la amistad del chef con un socio local afiliado al partido Baaz, cuya militancia le acarrea una violenta represalia por parte de una milicia alineada con Estados Unidos. El personaje es tratado con simpatía y su castigo se presenta como algo injusto. Los soldados estadounidenses aparecen como un grupo heterogéneo: algunos son agresivos y crueles, pero la mayoría se muestran cansados de la guerra y deseosos de volver a casa. El chef entabla relación con un soldado chino-estadounidense que habla mandarín con fluidez y, gracias a ese contacto, comienza a vender alcohol a las tropas ocupantes.
La trama se complica cuando el chef acoge a un grupo de «huérfanos de guerra» y los forma para trabajar en su restaurante. Por sus edades, se deduce que quedaron huérfanos durante la primera guerra del Golfo, aunque el filme nunca lo dice explícitamente. Tras un atentado insurgente contra un puesto de control estadounidense en el que muere el soldado chino-estadounidense, el chef, su empleado y uno de los niños son detenidos y llevados a un campo de prisioneros donde se muestran escenas de tortura al estilo de Abu Ghraib, sin demasiado detalle gráfico. En una de las secuencias, obligan al chef a preparar salsa de chile para alimentar a la fuerza a un preso torturado, pero él la sustituye por una versión suave.
Tras un ataque insurgente al campo, el chef cae en manos de los rebeldes y presencia el adiestramiento de niños como futuros terroristas suicidas por parte de un líder clerical. La religión apenas aparece, aunque se menciona a Alá en un par de ocasiones. La parte final se centra en el intento del chef por sacar a los niños del país antes de que mueran.
El filme cierra con un texto en pantalla, sin subtítulos en inglés, que alude al número de niños fallecidos en conflictos en todo el mundo y al apoyo de China a un programa de Naciones Unidas para abordar el problema. Este tipo de mensaje final, similar al que ya aparecía en la versión china de «The Furious» sobre la trata infantil, constituye la verdadera propaganda del filme. Lejos de demonizar a una nación o defender la guerra, la comunicación oficial china en el cine popular suele apostar por un internacionalismo liberal y por la cooperación bilateral para resolver problemas globales.
La película, que combina violencia y sangre de forma bastante contenida en comparación con otros títulos bélicos, apuesta por un tono melodramático y emocionalmente intenso, especialmente en las escenas protagonizadas por los niños. El resultado, según quienes ya la han visto, es una obra interesante por ofrecer la perspectiva china de un conflicto que el cine occidental ha narrado en numerosas ocasiones, aunque adolece de un tratamiento visual de la guerra que resulta poco realista y en algunos momentos roza lo fantástico.




