El fundador de Inditex, Amancio Ortega, una de las mayores fortunas del mundo, atribuye a su infancia en la montaña leonesa los cimientos de su trayectoria. «En casa no había nada de nada, pero nos educaron en valores», recoge la periodista Covadonga O'Shea en el libro «Así es Amancio Ortega», una de las principales aproximaciones a la vida del empresario. Esa educación basada en el esfuerzo y la responsabilidad ayudaría a explicar cómo un niño nacido en un pequeño pueblo ferroviario llegó a crear Zara y a transformar la industria mundial de la moda.

Ortega nació el 28 de marzo de 1936 en Busdongo de Arbas, una localidad de León situada a más de 1.200 metros de altitud, en plena Cordillera Cantábrica. Su padre, Amancio Ortega Rodríguez, era ferroviario y jefe de la estación de tren del pueblo, un enclave estratégico para las comunicaciones entre la meseta y Asturias. A diario transitaban por allí trenes de mercancías cargados de carbón procedente de las cuencas mineras, además de convoyes de viajeros que cruzaban el histórico puerto de Pajares. Las familias de los ferroviarios residían en viviendas construidas junto a las vías, y los Ortega ocuparon una de ellas durante los primeros meses de vida del futuro empresario.

El entorno no era fácil. Los inviernos eran largos y las intensas nevadas aislaban con frecuencia la localidad y dificultaban el tráfico de trenes. Pese a ello, la estancia de la familia en Busdongo fue breve: cuando Amancio era todavía un bebé, su padre recibió un nuevo destino y se trasladaron primero a Tolosa, en Guipúzcoa, y en 1944 a La Coruña, la ciudad donde el niño crecería y comenzaría a trabajar.

Con apenas 14 años, Ortega empezó como repartidor en una camisería en La Coruña. Aquella primera experiencia fue el punto de partida de una carrera que décadas después desembocaría en la creación de Inditex y de Zara, una de las marcas de moda más reconocidas del mundo. Aunque apenas conserva recuerdos conscientes de Busdongo por la corta edad con la que lo abandonó, sus orígenes siempre han estado presentes en su biografía.

Según Covadonga O'Shea, la familia de Ortega vivía con muy pocos recursos, como tantas otras familias españolas de la época, pero nunca les faltó educación, respeto y amor. La enseñanza basada en el esfuerzo, la responsabilidad y la discreción ha sido señalada repetidamente como uno de los pilares de su forma de entender la vida y los negocios. Ese carácter reservado ha acompañado al empresario incluso después de convertirse en dueño de uno de los mayores grupos textiles del mundo.

Hoy Busdongo de Arbas tiene pocos vecinos, pero conserva el orgullo de haber visto nacer al fundador del mayor grupo textil español. La antigua vivienda ferroviaria donde nació en 1936 sigue en pie junto a la estación y se ha convertido en un lugar simbólico. La localidad vivió décadas de esplendor gracias al ferrocarril, con talleres, depósitos de locomotoras y muelles de carga, hasta que la transformación del transporte y el descenso del tráfico de mercancías provocaron una importante pérdida de población. Como otras zonas de montaña, Busdongo ha buscado una nueva vida en el turismo rural y la naturaleza.