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Crédito de imagen: Accell Group

Economía

El caso Accell desmonta el relato perfecto del boom de las bicicletas

6 min

En 2022 el sector parecía una apuesta segura y KKR lideró una gran compra. Cuatro años después, los acreedores controlan Accell, la venta a Dutech ha fallado y Raleigh, Lapierre, Winora y Ghost buscan salidas por separado.

Durante la pandemia, la bicicleta se convirtió en uno de esos negocios que parecían tener una historia fácil de contar: ciudades con más ciclovías, personas buscando movilidad individual, deporte al aire libre y un crecimiento fuerte del e-bike. Accell Group encajaba perfectamente en ese relato. Reunía marcas conocidas en varios países y tenía escala europea. En 2026, el mismo caso sirve para contar lo contrario.

El 5 de agosto, Accell anunció que sus entidades neerlandesas habían obtenido una suspensión provisional de pagos. La compañía dijo que había explorado todas las opciones realistas sin encontrar una fórmula para mantener el grupo en su forma actual. En redes y titulares eso se resume como una caída, pero detrás hay cuatro años de decisiones financieras y cambios de mercado.

En 2022, un consorcio liderado por KKR compró Accell. Financial Times valora la operación en 1.800 millones de euros. Era el momento de máximo entusiasmo: la demanda había subido, los e-bikes parecían una categoría estructuralmente expansiva y las marcas europeas tenían un atractivo evidente.

La conversación cambió cuando llegaron los inventarios. Durante los problemas de suministro, las empresas pidieron más componentes para garantizar producción. Cuando las ventas se normalizaron, parte de esas compras llegó tarde. Los almacenes se llenaron y las promociones se convirtieron en una herramienta para liberar capital.

El problema para Accell era que no podía esperar tranquilamente a que el mercado se equilibrara. Tenía deuda. La empresa reestructuró varias veces sus obligaciones, y en febrero de 2026 los acreedores acabaron tomando el control. Por eso es incorrecto presentar hoy a KKR como el dueño actual, aunque su compra siga siendo el origen de la estructura financiera que marcó estos años.

Los nuevos propietarios buscaron una salida clara: vender la compañía. Dutech Group apareció como comprador potencial. La operación pasó por controles de competencia en Alemania y Polonia. Para cualquiera que siguiera las noticias del sector, eso podía parecer la señal de que el acuerdo estaba cerca.

No lo estaba. Las partes no cerraron la compraventa y las negociaciones terminaron a comienzos de agosto. Esa ruptura cambió la conversación en días: de quién compraría Accell a qué partes podían sobrevivir fuera de Accell.

En Alemania, Accell Germany, Winora Staiger, Ghost Bikes y Engelbert Wiener Bike-Parts entraron en un procedimiento de autoadministración. Hay unos 370 empleados en Sennfeld y Waldsassen. Las empresas generaron alrededor de 340 millones de euros en 2025 y siguen operando mientras buscan un inversor.

Las marcas tienen historias que funcionan por sí solas. Winora nace en 1914 en Schweinfurt. Ghost está asociada a Waldsassen. Haibike tiene una identidad fuerte en bicicletas eléctricas deportivas. Desde el punto de vista de comunicación, no necesitan que el consumidor conozca Accell para tener valor.

En Francia, Lapierre vive el mismo choque entre marca y matriz. La empresa de Dijon ha solicitado una reestructuración judicial. En 2025 facturó 99,1 millones de euros y redujo sus pérdidas operativas, pero la crisis de su accionista impidió financiar las necesidades a corto plazo con normalidad.

Su director, William Perrier, habla abiertamente de recuperar independencia. El mensaje es potente: una marca histórica francesa intenta separarse del grupo europeo que antes le daba escala porque ahora esa misma estructura se ha convertido en un riesgo.

Raleigh aporta el elemento británico y nostálgico. Fundada en Nottingham en 1887, ha sobrevivido al fin de la producción en Reino Unido y a varios cambios de propiedad. Accell la compró en 2012. Si vuelve a cambiar de dueño, probablemente el nombre seguirá siendo más estable que la empresa que lo controla.

También hay una conversación sobre consumo. En Francia se vendieron un 6% menos de bicicletas nuevas en 2025, mientras las reparaciones subieron un 10,5%. La gente sigue usando la bici, pero compra de otra manera. El cambio parece pequeño visto desde Instagram o una tienda, pero puede destruir las previsiones de un fabricante que produjo para un boom permanente.

Lo más llamativo es el contraste temporal. En abril Accell hablaba de transformación completada y de modelos 2027. En agosto ya no podía sostener la estructura del grupo. Cuatro meses separan un relato de renovación de otro de insolvencia.

El caso Accell muestra por qué las historias corporativas demasiado redondas suelen esconder fragilidad. Ni el boom era infinito, ni una cartera de marcas famosas garantizaba liquidez, ni una autorización antimonopolio garantizaba una venta. Ahora la conversación real empieza con una pregunta menos viral pero más importante: qué marcas tienen suficiente negocio propio para encontrar un nuevo dueño.

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