Una tendencia creciente en redes sociales como Instagram y TikTok presenta la soledad como un estilo de vida deseable. Creadoras de contenido, en su mayoría mujeres jóvenes que viven solas en grandes ciudades, comparten vídeos de sus viernes por la noche sin compañía, sus rutinas en pisos ordenados y su aparente paz interior al prescindir de amistades y pareja. Se les conoce como «influencers de la soledad» y acumulan cientos de miles de visualizaciones por publicación.

Una de las figuras más representativas es Lana Isa, quien acumula alrededor de 300.000 visualizaciones por vídeo. En sus publicaciones, muestra fragmentos de su día a día en los que aparece siempre sola, algo que relaciona con la ansiedad social que padece. «POV: Estás soltera, no tienes amigos y vives sola. Así es un viernes por la noche», es el mensaje con el que comienza uno de sus contenidos más virales. Isa ha conseguido convertir su experiencia personal en un contenido con el que han conectado cientos de miles de personas que se sienten identificadas.

Sin embargo, detrás de esta aparente normalización de la soledad, expertas advierten sobre una frontera difusa entre desestigmatizar una experiencia que suele vivirse con vergüenza y romantizar el aislamiento. Sandra Escapa Solanas, socióloga, profesora de la Universidad de Barcelona e investigadora en soledad no deseada, explica que «es beneficioso que sepamos convivir con la soledad, pero el problema aparece cuando esa soledad provoca malestar, cuando la persona siente: no quiero estar en esta situación, no deseo esta soledad».

La economista política Noreena Hertz, autora de «El siglo de la soledad», distingue entre la soledad elegida y la impuesta. Según Hertz, existen varios criterios para diferenciarlas: «La reversibilidad, es decir, poder reincorporarse a la vida social cuando lo deseas; cómo te sientes después, porque la soledad elegida te deja renovado, mientras que la otra te agota; y si se trata de una elección libre o de algo que te ha sido impuesto de manera involuntaria». La preocupación de Hertz es que este tipo de contenido «tome una situación real y, con frecuencia, involuntaria —personas que se aíslan porque la comunidad se ha vuelto inaccesible, porque la amistad exige un tiempo y una energía que nuestro sistema económico no nos permite tener— y la reformule como una virtud».

Detrás de la aparente libertad para elegir la soledad se esconde una cuestión de privilegio. No todo el mundo puede convertir el aislamiento en una experiencia cómoda y reparadora. Para ello hace falta tiempo, estabilidad económica, una vivienda digna y la posibilidad de reducir al mínimo las obligaciones y los vínculos sin que la vida se desmorone. Las creadoras de este tipo de contenido suelen mostrar pisos amplios, perfectamente ordenados, y una vida sin las presiones económicas que enfrenta la mayoría de la población.

Esta fantasía individualista recuerda a la novela «Mi año de descanso y relajación» de Ottessa Moshfegh, cuya protagonista —joven, rica y con un piso en Nueva York— puede retirarse del mundo durante meses porque dispone de las condiciones materiales necesarias. Incluso en ese retiro solitario y voluntario, su fantasía se sostiene sobre el dinero, el espacio, el tiempo y el trabajo invisible de otras personas.

Las redes sociales son escaparates en los que proyectamos una versión muy cuidada de nosotros mismos, lo que dificulta distinguir qué es real y qué no. Esto puede llevar a una romantización de aquello que vemos a través de la pantalla. «Lo que me preocupa es que esto deje de tratarse de la soledad elegida y pase a convertirse en una exaltación de la soledad no deseada. Es decir, me preocupa que el distanciamiento de los demás se eleve a la categoría de ideal», advierte Hertz.

La proliferación de estos contenidos abre preguntas sobre hasta qué punto la soledad es realmente una elección en un contexto de precariedad laboral, dificultades para mantener vínculos sociales y una cultura que convierte los problemas colectivos en responsabilidades individuales. Mientras algunas creadoras aseguran que no pretenden promover el aislamiento, sino normalizar una experiencia que suele vivirse con vergüenza, las expertas insisten en la importancia de distinguir entre estar solo y sentirse solo, y en no confundir la aceptación de la soledad con la idealización del aislamiento.

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Reportera

Daniela Delgado cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.