«Honey, I Blew Up the Kid» reabre el debate sobre el esfuerzo en los live-action de Disney
Por Carlos Benítez · 3 min
Un espectador reaviva la conversación sobre las películas live-action de Disney al reivindicar la secuela de 1992 «Honey, I Blew Up the Kid», cuyo trabajo práctico contrasta con la falta de ambición que atribuye a los remakes actuales del estudio.
Un espectador ha reavivado el debate sobre las adaptaciones live-action de Disney tras reivindicar el trabajo artesanal de «Honey, I Blew Up the Kid», la secuela de 1992 que, pese a no ser una gran película, demuestra según él el esfuerzo que el estudio solía poner en sus producciones de imagen real. El comentario, publicado en Reddit, ha conectado con una crítica recurrente hacia los remakes actuales: no tanto el abuso del croma y los efectos digitales, sino la falta de interés de los cineastas por usar la tecnología disponible para mejorar cada escena.
El usuario, que se encuentra inmerso en un maratón de películas de Disney, explicó que nunca había visto esta continuación de «Honey, I Shrunk the Kids» y que lo que más le impresionó fue el cuidado puesto en una cinta que en su momento fue un lanzamiento menor, sin la fanfarria que hoy rodea a los grandes remakes del estudio. Aunque algunos efectos generados por ordenador han envejecido mal, la película se sostiene gracias a la coreografía de los planos prácticos y a la precisión de las tomas, muchas de ellas protagonizadas por un niño pequeño rodado con perspectiva forzada y rápidos cambios de dobles de cuerpo.
«Estoy seguro de que fue una pesadilla, pero no tomaron atajos y se tomaron la molestia», escribió el espectador, que considera que el verdadero problema de la nueva generación de live-action de Disney no es la dependencia de la pantalla verde, sino unos realizadores que parecen no partir siquiera de un storyboard. La reflexión ha generado un amplio eco entre los aficionados al cine, que ven en esta secuela de los años noventa un ejemplo de cómo el ingenio práctico podía suplir las limitaciones técnicas de la época.
El caso contrasta con la estrategia reciente del estudio, que ha convertido sus clásicos animados en superproducciones digitales con resultados desiguales tanto en taquilla como en crítica. Mientras títulos como «El Rey León» o «La Sirenita» han apostado por un fotorrealismo técnicamente impecable, muchos espectadores echan en falta la chispa creativa que, según este comentario, sí estaba presente en producciones menores de hace tres décadas.
La publicación ha servido además para recordar que «Honey, I Blew Up the Kid» formó parte de una época en la que Disney combinaba efectos prácticos con incipientes tecnologías digitales para contar historias familiares, un modelo que muchos consideran hoy superado pero que, a la luz de esta reacción, sigue teniendo defensores que reclaman una vuelta a los fundamentos de la narrativa visual.




