Kanye West, el rapero conocido por sus múltiples controversias y declaraciones antisemitas, tiene previsto subirse al escenario del estadio Metropolitano de Madrid el próximo jueves 30 de julio. El concierto se mantiene en pie a pesar de que al menos cinco países europeos —Reino Unido, Francia, Italia, Suiza y Polonia— han cancelado sus actuaciones o prohibido la entrada del artista en sus territorios debido a los mensajes de odio que ha difundido públicamente.

El rapero, que en el pasado se ha referido a sí mismo como «nazi» y ha expresado admiración por Hitler, encadena una serie de polémicas que han ido minando su reputación. En enero de este año publicó una disculpa en el Wall Street Journal dirigida a la comunidad judía, atribuyendo su comportamiento a un trastorno bipolar derivado de una lesión cerebral no diagnosticada. Sin embargo, las cancelaciones no se detuvieron. Reino Unido llegó a prohibirle la entrada alegando que su presencia «no favorecería el bien público», lo que provocó la suspensión del festival Wireless, donde West era cabeza de cartel, y la retirada de patrocinadores como Pepsi y PayPal.

En España, la decisión de mantener el concierto ha generado un intenso debate. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, declaró en mayo que le «repugnan» las declaraciones de West, pero argumentó que no le corresponde al Ministerio promover la cancelación de ningún concierto por las opiniones de un artista. «Más allá del rechazo que me producen sus declaraciones, no me corresponde a mí», afirmó Urtasun, añadiendo que la decisión debe tomarla el promotor del evento. La promotora, por su parte, ha optado por no hacer declaraciones.

Expertos en derecho penal consultados por señalan que, aunque España tiene artículos en el Código Penal que persiguen los discursos de odio, su aplicación en el ámbito de la música es excepcional. Jorge Correcher, especialista en Derecho Penal, explica que estos artículos se han reservado sobre todo para casos de enaltecimiento del terrorismo, pero también se han aplicado a manifestaciones antisemitas, racistas o de aporofobia. Sin embargo, Correcher advierte que poner límites a la libertad de expresión resulta complejo en un contexto social donde, según sus palabras, «la ventana de Overton está tan abierta que entra cualquier cosa». El experto añade que este tipo de actos son «difícilmente cancelables» cuando figuras como el presidente de Estados Unidos normalizan discursos similares.

Desde el ámbito cultural, voces como la de la escritora Nerea Luján, autora de «Creadoras y Combativas», se muestran tajantes: «Ningún tipo de discurso de odio ni ninguna persona con mensajes tan violentos como los de Kanye West deberían tener cabida en ningún espacio cultural». El debate enfrenta a quienes defienden la libertad de expresión sin restricciones y a quienes consideran que el antisemitismo y el enaltecimiento del nazismo deben tener consecuencias jurídicas y sociales, incluso en el mundo del espectáculo. El concierto de Madrid se celebrará en un contexto de división de opiniones, mientras la gira europea de West sigue reduciéndose.