El dúo musical Pipiolas, compuesto por Paula Reyes y Adriana Ubani, ha puesto sobre la mesa una de las discusiones más incómodas de la industria musical española: la utilización de las cuotas femeninas en los festivales como una herramienta de «blanqueamiento» que no resuelve la desigualdad estructural de fondo. Durante un encuentro con socias y socios en la redacción de, las artistas abordaron la situación de la mujer en el sector y denunciaron que, una vez que una artista deja de ser una novedad, el sistema no ofrece mecanismos para que pueda permanecer en los carteles.

«Por mucho que se quiera ver que no es así, las mujeres tenemos un techo de cristal en la industria», afirmó Paula Reyes durante la conversación moderada por la redactora de Cultura Laura García Higueras. La cantante explicó que los parámetros actuales de la industria «son estructuras patriarcales educacionales totalmente» y rechazó que la falta de representación femenina sea una cuestión de meritocracia. «Los gustos son aprendidos y adquiridos. Esto es lo complicado de hacer entender, y la manera de obligar a que encontremos nuestro hueco a partir de cuotas», agregó.

Adriana Ubani, por su parte, calificó las cuotas como un «arma de doble filo». La artista argumentó que cuando una mujer deja de ser la novedad en el sector, «hay seguramente otra persona a la que pueden utilizar como cuota porque es novedad». Según Ubani, esta discriminación positiva «todavía está en que solamente es una cuota y no hay un ejercicio ni una estructura de permanecer en ese espacio que te ha dado la cuota». En su opinión, esto no soluciona nada de forma permanente: «En muchos espacios te programan por esas razones y, después, si te he visto no me acuerdo. Parece que crean un espacio para gente nueva, pero no hay una estructura que sostenga a las que estuvieron».

La crítica de Pipiolas va más allá de la mera presencia de mujeres en los carteles. El dúo señaló una tendencia creciente por parte de grupos masculinos de adoptar nombres femeninos para copar espacios en los festivales. «No programamos a mujeres, pero un grupo de hombres decide que es lícito ponerse un nombre femenino», denunció Ubani. «Es como: 'No sé muy bien por dónde va esa narrativa. ¿Es que eres más moderno así? ¿Es que cuela ponerte de cabeza de cartel y que piensen que eres una mujer?'», inquirió la componente del dúo. Reyes añadió que esta práctica les «explota más la cabeza» con las bandas recientes, ya que «con todo lo que se dice y se señala, no nos entra en la cabeza que haya hombres que decidan coger esos nombres. Esto va en detrimento de ayudar».

Las artistas también pusieron el foco en las excusas que reciben por parte de los organizadores de festivales. «Te dicen que programan por los números y por lo que vende, pero al grupo de siete tíos que tiene un nombre femenino con 300 oyentes mensuales dudo mucho que lo hayas metido en el cartel por las razones que me estás intentando vender... para no programarnos a muchas mujeres en la industria», relató Adriana Ubani. Para el dúo, esta contradicción evidencia que la industria no está haciendo un verdadero esfuerzo por lograr la equidad.

Pipiolas, que debutó en 2023 con el disco «No hay un Dios», ha publicado este año su nuevo trabajo titulado «Pipiolas». Entre un álbum y otro han pasado tres años, una «factura» que, según alertan, han «tenido que pagar» por haber dejado de ser nuevas en la industria. «Eres más fácil de olvidar cuando sirves para rellenar un cupo y ya no eres la novedad», apuntó Paula Reyes. La cantante defendió la decisión de tomarse ese tiempo: «La música necesita pausa y reposar. Fue arriesgado porque éramos nuevas y normalmente se recomienda aprovechar la inercia de un buen comienzo, como fue el nuestro, pero es que no resonaba eso con nosotras. Se han pagado facturas, pero, a partir de ahí, que fuera lo que fuese siempre acorde con nuestra identidad y las decisiones que queríamos tomar».

Ubani, por su parte, contextualizó la pausa entre discos dentro de una generación marcada por la inmediatez. «Esta generación es la de la inmediatez y estamos acostumbrados a que tres años nos parezcan mucho, pero para la composición de un disco no es tanto», explicó. El dúo reivindicó las canciones como un arte que invita a la liberación y que no siempre debe ser un refugio complaciente para quien las escucha. «Rechazo mucho la poesía relamida porque al final la veo mucho más vacía, lo poético está en la verdad», declaró Reyes, en línea con la honestidad que caracteriza su propuesta musical.

El encuentro con los socios de sirvió también para que Pipiolas interpretara varios temas de su nuevo disco, en el que exploran sonidos que van desde el pop hasta el budots, un género musical filipino que reivindica a la clase obrera. La banda, que se ha caracterizado por no tener miedo a señalar aquello a lo que se le sigue sin prestar la atención suficiente, dejó claro que la lucha por la igualdad en la música no es una batalla que esté ni mucho menos ganada, y que las cuotas, tal y como se aplican hoy, corren el riesgo de convertirse en una mera operación de maquillaje.