«Stuart Fails to Save the Universe» recupera el rumbo con un mensaje sobre la convivencia
Por Hugo Gallego · 5 min
El quinto episodio de la primera temporada de «Stuart Fails to Save the Universe» muestra a Stuart y su grupo destruyendo una comunidad pacífica por su incapacidad de adaptarse, con un trasfondo crítico sobre el capitalismo y la propiedad.
La serie «Stuart Fails to Save the Universe» ha vuelto a encontrar su camino en su quinto episodio, combinando humor con una reflexión profunda sobre los modelos de sociedad. En esta entrega, Stuart, Denise, Bert y Kripke llegan a una tribu pacífica que vive en armonía, pero su presencia termina por destruir ese estilo de vida. La trama, lejos de ser un simple giro cómico, plantea preguntas incómodas sobre el capitalismo, la propiedad y la posibilidad de una convivencia más solidaria.
El episodio comienza justo donde terminó el anterior: el grupo aparece en medio de un bosque y se encuentra con una tribu que, aunque en un primer momento parece amenazante, pronto demuestra ser completamente pacífica. Sin armas y con una organización basada en el apoyo mutuo, los miembros de la tribu comparten todo y viven sin jerarquías visibles. Stuart y sus amigos son aceptados sin reservas, lo que genera una primera impresión de que, esta vez, las cosas podrían salir bien.
Sin embargo, la serie juega con la expectativa del espectador. A lo largo de la temporada, el grupo ha destruido lugares por accidente, como ocurrió en el tercer episodio con el mundo mágico y la liberación del demonio Bernadette. En esta ocasión, la destrucción no es accidental, sino consecuencia de la actitud de los protagonistas. Bert deja claro que quiere una relación monógama, mientras que Kripke, con su egoísmo característico, toma un cuenco solo para él. Esa semilla de individualismo se contagia rápidamente al resto, y la comunidad que vivía en equilibrio se desmorona.
El contraste entre la forma de vida de la tribu y la de los visitantes es el núcleo del episodio. La serie no ofrece respuestas fáciles, pero invita a reflexionar sobre si el sistema actual, basado en la propiedad y la acumulación, es realmente el mejor para la sociedad. La pregunta sobre si el socialismo podría ser una alternativa viable queda flotando, aunque el guion también reconoce que ningún sistema es perfecto. Lo que parece claro es que la felicidad de Bert, que por fin encuentra un momento de alegría, no debería haber costado la felicidad de los demás.
Paralelamente, Stuart sorprende al mantenerse enfocado en la misión principal: arreglar la máquina que les permite viajar entre universos. Mientras Bert y Kripke se distraen con sus propios intereses, Stuart y Denise trabajan en el dispositivo, llegando incluso a buscar señales en estiércol de oso. Este gesto, aunque grotesco, muestra una faceta más responsable del personaje, que parece haber aprendido de sus experiencias anteriores, incluida su estancia en un hospital psiquiátrico y su paso por el mundo de «The Matrix».
La necesidad de encontrar un cuarzo rojo se convierte en el siguiente obstáculo, y aquí las enseñanzas de Kripke sobre el egoísmo vuelven a ser un problema. Bert, por su parte, está tan ilusionado con la idea de casarse que pierde de vista el objetivo común. La serie aprovecha estos conflictos para profundizar en los personajes, algo que los seguidores del universo de «The Big Bang Theory» agradecerán, especialmente porque muchos de estos secundarios han sido tradicionalmente relegados a un plano cómico.
El episodio, dirigido por Alexandria Ingham, ha sido bien recibido por la crítica, que destaca cómo la serie recupera el equilibrio entre humor y mensaje. Aunque algunos consideran que la serie no necesitaba una segunda temporada, HBO Max ya la ha renovado, y este capítulo demuestra que aún hay margen para el desarrollo de los personajes. La evolución de Stuart como líder, aunque tímida, es un paso en la dirección correcta.
En definitiva, «Stuart Fails to Save the Universe» utiliza la ciencia ficción y la comedia para hablar de temas universales como la convivencia, la solidaridad y los peligros del individualismo. El quinto episodio no solo entretiene, sino que deja al espectador con preguntas que trascienden la pantalla. ¿Es posible una sociedad más justa? ¿O estamos condenados a repetir los mismos errores? La serie no tiene las respuestas, pero al menos se atreve a plantearlas.




