El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprovechó los fastos del 250 aniversario de la independencia del país para pronunciar un discurso de casi 40 minutos en el National Mall de Washington DC, en el que agitó el fantasma del enemigo interno y calificó al comunismo como «un cáncer que hay que extirpar». La intervención, que comenzó después de las 11 de la noche debido al desalojo del recinto por la amenaza de tormentas, estuvo marcada por la defensa de su agenda ultraconservadora y la comparación de su propia actuación con la de los soldados que desembarcaron en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial.

«Si ellos pudieron asaltar las playas el Día D, yo puedo dar un discurso», afirmó Trump, en una comparación que generó controversia al equiparar su intervención con el sacrificio de los 2.500 soldados estadounidenses que murieron el 6 de junio de 1944, una media de 104 cada hora. Entre los asistentes se encontraban algunos supervivientes de aquella batalla, que presenciaron cómo el presidente utilizaba la conmemoración para impulsar una de sus iniciativas legislativas más polémicas: la reforma electoral conocida como Ley Save América.

Trump defendió la necesidad de limitar el voto por correo y exigir un documento que acredite la ciudadanía estadounidense para votar, bajo el argumento no demostrado de que existe fraude electoral. «Estados Unidos ha vuelto», declaró el presidente, «y queremos mantener la grandeza de Estados Unidos, y lo haremos aprobando la Ley Save América, que implica que todos los votantes deben mostrar un documento de identidad electoral; todos los votantes, todos deben presentar algo llamado prueba de ciudadanía, y no habrá voto por correo, salvo en caso de enfermedad, discapacidad, despliegue militar o viaje, y ya no habrá fraude en las elecciones».

El discurso se produjo en un contexto político complicado para Trump, con las elecciones de mitad de mandato previstas para dentro de pocos meses y unos índices de popularidad en mínimos históricos debido al aumento del coste de la vida y a la guerra en Irán. El presidente utilizó la celebración del 4 de julio, denominada Freedom 250, para atacar a sus oponentes políticos, en particular a los candidatos del ala progresista del Partido Demócrata que han avanzado en las primarias recientes.

Trump señaló directamente a figuras como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani; el senador Bernie Sanders; la congresista Alexandria Ocasio-Cortez; y la probable próxima alcaldesa de Washington DC, Janeese Lewis George, todos ellos apoyados por los Socialistas Democráticos de América (DSA). A pesar de que estos candidatos no han defendido la socialización de los medios de producción ni la nacionalización de sectores estratégicos, Trump los calificó de comunistas y los definió como «la mayor amenaza para EE.UU. desde la independencia, incluida la Primera y la Segunda Guerra Mundial, Pearl Harbor y el 11S».

«El sistema comunista es lo contrario del sistema estadounidense», afirmó Trump durante su intervención. «Nuestros soldados no lucharon contra el comunismo en los campos de batalla de todo el mundo para que esa amenaza volviera a asomar su horrible cabeza aquí mismo, en Estados Unidos. No vamos a permitir que eso ocurra. Queremos detener una amenaza como esa de inmediato, y antes de que comience. Es como un cáncer: hay que extirparlo, hay que extirparlo rápido».

El presidente también aprovechó el acto para rodearse de militares veteranos, a los que hizo desfilar por el escenario portando banderas históricas estadounidenses, estableciendo un vínculo entre su presidencia —que ha bombardeado ocho países, mantiene una guerra en Irán y ha secuestrado al presidente venezolano, Nicolás Maduro— y el Ejército que combatió en la Segunda Guerra Mundial, Corea y Vietnam. Trump volvió a recurrir a afirmaciones no verificadas, como que ha traído a EE.UU. 19,2 billones de dólares en inversiones, cuando su propia Administración cifra los compromisos en 10 billones, y aseguró que 350.000 personas fueron desalojadas del Mall y que luego 150.000 siguieron su discurso.

La celebración del 250 aniversario, que debía ser un evento unitario, se convirtió así en un escenario más para la polarización política, con Trump utilizando la conmemoración nacional para impulsar su agenda ultra y señalar a sus adversarios como una amenaza interna que debe ser eliminada. La reforma electoral que defiende el presidente tiene como objetivo limitar el voto por correo y exigir pruebas de ciudadanía, medidas que los críticos consideran un intento de restringir el acceso al voto de minorías y sectores desfavorecidos, y que han provocado el bloqueo de una ley de vivienda pactada con los demócratas que solo necesita la firma presidencial.

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Reportera

Daniela Delgado cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.