Diptyque renueva su imagen mientras sus velas siguen definiendo el lujo discreto
Por Hugo Gallego · 4 min
La firma francesa Diptyque ha renovado discretamente su identidad visual, un cambio que no ha alterado el estatus de sus velas como objeto de deseo en los interiores más elegantes. Repasamos las fragancias que se han convertido en clásicos de la firma.
Diptyque, la firma francesa de perfumería y objetos para el hogar, ha renovado discretamente su identidad de marca. El cambio, que afecta a su imagen visual y a la presentación de sus productos, no ha alterado el estatus de sus velas aromáticas, que siguen siendo un objeto de deseo en los interiores más cuidados y en las casas de quienes entienden el lujo como algo silencioso y sensorial.
La firma, fundada en París en 1961, se ha consolidado como una referencia en el universo de la perfumería de autor. Sus velas, elaboradas con cera de calidad y una cuidada selección de fragancias, se han convertido en un elemento casi obligatorio en salones, baños y dormitorios de quienes buscan crear una atmósfera determinada sin recurrir a grandes gestos decorativos. El cambio de imagen, lejos de ser una revolución, parece responder a una voluntad de actualizar su lenguaje visual sin traicionar la elegancia sobria que define a la casa.
Entre las fragancias que se han ganado un lugar fijo en los hogares más chic destacan algunas que ya forman parte de la memoria olfativa de varias generaciones. Baies, con su mezcla de rosa y grosella negra, es probablemente la más reconocible y la que más se asocia a la firma. Figuier, con su aroma verde y ligeramente dulce, evoca el Mediterráneo y se ha convertido en un clásico para los meses de calor. Feu de Bois, con su perfil ahumado y amaderado, es la opción predilecta para los meses fríos y para quienes buscan un ambiente envolvente y cálido.
Otras propuestas igualmente apreciadas son Tubéreuse, con su floral intenso y sofisticado; Roses, una interpretación fresca y moderna del ramo clásico; y Amber, que aporta una calidez especiada muy adecuada para espacios de descanso. No menos populares son 34, un homenaje a la boutique original de la calle Saint-Germain, y Noisetier, con su acento avellanado y ligeramente goloso. La lista se completa con fragancias como Jasmin, que aporta una nota luminosa y floral, o Vanille, que cierra el catálogo con un perfil dulce y reconfortante.
El atractivo de estas velas no reside únicamente en su aroma. Su diseño, con el característico frasco de vidrio y la etiqueta ovalada, ha convertido a Diptyque en un objeto de decoración en sí mismo. La renovación de la marca, por tanto, no busca cambiar el producto, sino actualizar la forma en que se presenta al público. Se trata de un movimiento coherente con una época en la que las firmas de lujo trabajan su imagen digital y su presencia en redes sociales sin renunciar a los códigos que las hicieron reconocibles.
En un momento en el que el consumo de objetos para el hogar se ha convertido también en una forma de expresión personal, las velas de Diptyque ocupan un lugar singular. No son un capricho pasajero, sino un elemento que muchas personas incorporan a su rutina como parte de un ritual de bienestar. La luz cálida y la fragancia contribuyen a transformar la percepción de un espacio, y eso explica que sigan siendo un regalo recurrente y un objeto de colección para los aficionados a la perfumería de interior.
La renovación discreta de la marca coincide con un interés creciente por parte del público por conocer los detalles que hay detrás de cada fragancia: su origen, su proceso de elaboración y la historia que las acompaña. Diptyque ha sabido mantener ese relato sin renunciar a una estética reconocible, y ese equilibrio es probablemente la razón por la que sus velas continúan apareciendo en las casas de quienes aprecian el lujo entendido como una experiencia cotidiana y no como una exhibición.
5




