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Estilo de vida

El fajín de esmoquin regresa como tendencia clave del otoño

Por Carmen Paredes · 4 min

El cummerbund, la banda de tela que tradicionalmente acompaña al esmoquin, se reposiciona como accesorio de moda para el otoño. Una editora de moda comparte cinco fórmulas para llevarlo en el día a día, desde looks formales hasta combinaciones casuales.

El fajín de esmoquin, conocido en el ámbito anglosajón como cummerbund, vuelve a las calles como uno de los accesorios más buscados de la temporada otoñal. La prenda, asociada históricamente a la etiqueta masculina más rígida, se reinventa ahora como un recurso versátil para elevar conjuntos cotidianos sin necesidad de recurrir a un traje completo.

La propuesta no se limita a las pasarelas. Una editora de moda con más de ocho años de experiencia en medios especializados ha documentado cinco maneras concretas de incorporar el fajín a su vestuario real, una práctica que refleja cómo las tendencias de temporada se trasladan del escaparate a la vida diaria. Su trayectoria incluye colaboraciones con firmas como Michael Kors y A.L.C., además de entrevistas con figuras como Megan Fox, Issa Rae y Emma Chamberlain, lo que aporta una perspectiva profesional sobre la evolución del accesorio.

El fajín, una banda ancha que se ajusta a la cintura, nació como sustituto del chaleco en el esmoquin clásico. Su función original era cubrir la cintura del pantalón y aportar una línea limpia al conjunto. Ahora, ese mismo objeto se utiliza con jeans, faldas o pantalones de sastre, lo que lo convierte en un puente entre la sastrería tradicional y el armario contemporáneo.

La clave de su regreso está en la capacidad de transformar una silueta sin grandes inversiones. Colocado sobre una camisa sencilla o un jersey fino, el fajín marca la cintura y añade estructura. En versiones de terciopelo, satén o algodón, permite jugar con texturas y colores, desde los tonos neutros hasta los más atrevidos. Esta flexibilidad explica por qué ha dejado de ser un elemento exclusivo de las ceremonias nocturnas para instalarse en el día a día.

Las cinco fórmulas que se están popularizando combinan el fajín con prendas de distintas categorías. En primer lugar, sobre un vestido camisero para definir la figura sin recurrir a un cinturón convencional. En segundo lugar, con pantalones de tiro alto y una camiseta básica, creando un efecto de sastrería relajada. En tercer lugar, como sustituto del cinturón en un conjunto de blazer y jeans, aportando un guiño formal a un look informal. En cuarto lugar, sobre un jersey de punto para añadir volumen controlado en la cintura. Y, por último, en combinación con una falda midi y botas, una opción que gana terreno en los meses de transición.

El fenómeno no es aislado. La moda ha recuperado en los últimos años elementos de la etiqueta clásica y los ha adaptado a un público más amplio. El fajín se suma a esa tendencia junto a otras piezas como el chaleco sastre o los pantalones de pinza, que han pasado de las oficinas a los fines de semana. Para los lectores interesados en el estilo, la recomendación es buscar versiones ajustables y probar con tejidos que mantengan la forma, ya que un fajín demasiado rígido puede resultar incómodo y uno demasiado blando pierde presencia.

La temporada otoñal, marcada por las capas y los tonos tierra, ofrece el contexto perfecto para experimentar con este accesorio. No se trata de recuperar el esmoquin completo, sino de extraer una pieza concreta y darle un uso nuevo. Esa es, precisamente, la lógica que está impulsando su presencia en escaparates y redes sociales: un objeto con historia que se adapta a las reglas actuales del vestir.

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Carmen Paredes

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Editora de noticias

Carmen Paredes cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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