La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) celebra esta semana su cumbre anual en Turquía, un evento que, según analistas y observadores internacionales, ha dejado de lado los principios fundacionales de la Alianza para convertirse en un foro centrado casi exclusivamente en la compra de armas y el aumento del gasto en defensa. La reunión, que se desarrolla durante dos días, tiene como telón de fondo la creciente presión del presidente estadounidense, Donald Trump, para que los aliados europeos incrementen su contribución económica hasta el 5% de su Producto Interior Bruto (PIB), una exigencia que ha redefinido la agenda del bloque.
El Tratado del Atlántico Norte, firmado hace 77 años, comienza con una declaración de principios que reafirma la fe en la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley. Sin embargo, la realidad actual de la organización contrasta fuertemente con esos ideales. El principal líder de la Alianza, Estados Unidos, ha sido descrito por diversos informes como un país que ha perdido su estatus de democracia liberal plena, mientras que Turquía, el país anfitrión de la cumbre, es considerado el miembro con peor índice democrático de toda la organización, clasificado como una «autocracia electoral» según el informe de Varieties of Democracy (V-Dem).
No es casualidad que Trump haya decidido asistir a la cumbre, a pesar de su habitual desdén hacia los países europeos. El presidente estadounidense ha manifestado en varias ocasiones que su presencia se debe casi exclusivamente a que el evento es organizado por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. «Si no fuera porque la organiza el presidente Erdogan en Turquía, creo que no iría», declaró Trump la semana pasada desde la Casa Blanca, en un comentario que fue recibido con incomodidad por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien intentó suavizar la situación con una broma.
La elección de Turquía como sede no ha estado exenta de controversia. Hace diez años, durante la cumbre de 2016, Erdogan invitó a la OTAN a celebrar su reunión de 2018 en Estambul, pero varios países de la Unión Europea maniobraron para impedirlo. En aquel momento, altos cargos de la organización argumentaron que no querían «reforzar la imagen internacional de Turquía» ni «dar la impresión de que la OTAN respalda la política interna del Gobierno turco», que en ese entonces ya estaba inmerso en una campaña de represión masiva tras el intento de golpe de Estado de 2016. Esa represión continúa hoy, diez años después, y se ha intensificado en la antesala de la cumbre.
Mientras los líderes de la Alianza se reúnen, la justicia turca celebra vistas judiciales contra el alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, el principal rival político de Erdogan, quien se encuentra en prisión provisional desde hace más de un año. Imamoglu tiene tres causas pendientes que, según sus defensores y observadores internacionales, pretenden frustrar su carrera política. El alcalde fue incluso expulsado de su propio juicio junto a uno de sus abogados. «Mientras Turquía acoge la cumbre de la OTAN, su futuro democrático se juega en un tribunal de la cárcel de Silivri», declaró Nacho Sánchez Amor, diputado socialista en el Parlamento Europeo y relator para Turquía, quien ha asistido a las vistas en la prisión turca.
La represión no se limita a la oposición política. En los días previos a la cumbre, las autoridades turcas han detenido a centenares de personas, desde cómicos hasta activistas, y han prohibido las manifestaciones hasta que finalice el evento. Los activistas han bautizado esta operación como «Jardín de rosas sin espinas», en referencia al intento del gobierno de Erdogan de presentar una imagen de orden y control durante la cumbre. El mes pasado, otro tribunal ordenó la destitución del líder del partido opositor, Özgür Özel, en un nuevo episodio de persecución política.
Más allá de las contradicciones democráticas, el núcleo de la cumbre es el negocio de la defensa. La propia página web del evento lo deja claro: el día fuerte de la reunión estará precedido por el Foro de la Industria de la Defensa, centrado en la producción, la inversión y la innovación en materia de defensa. «Eso explica de qué va esta cumbre mucho mejor de lo que lo hará la declaración final», señalan los analistas. El objetivo principal es alcanzar el 5% del PIB en gasto militar, una exigencia impuesta por Trump para comprar la fidelidad de Estados Unidos, que es, a su vez, el primer gran beneficiario del incremento del gasto en defensa europeo.
Estados Unidos vende más de la mitad del armamento que compran los países europeos de la OTAN. Según datos recientes, los 29 miembros europeos de la Alianza han aumentado la importación de armas un 143% entre los periodos 2016-2020 y 2021-2025. Casi seis de cada diez euros (el 58%) de esas compras van a parar a la industria estadounidense. Esta dinámica se produce mientras Europa intenta diseñar mecanismos proteccionistas para fomentar su propia industria y reducir su dependencia de Washington, pero se encuentra con la oposición de Estados Unidos, que presiona para eliminar cualquier barrera que excluya a sus empresas.
Unos días antes de la cumbre, el embajador de Estados Unidos en la OTAN, Matthew Whitaker, mostró su rechazo a «las cláusulas de protección que incluyen muchas de las iniciativas de defensa europeas, que excluirían a aliados». «Esperamos poder llegar a algún acuerdo en la cumbre», declaró, en una muestra de la tensión comercial que subyace bajo el paraguas de la seguridad colectiva. La paradoja es evidente: los socios europeos intentan reducir su dependencia de un socio considerado inseguro como Estados Unidos, pero lo hacen comprando cada vez más armas a ese mismo país.
La cumbre de la OTAN en Turquía refleja, en definitiva, la transformación de una alianza militar que nació con la promesa de defender la democracia y que hoy, según críticos y analistas, se ha convertido en un foro para la compraventa de armamento, donde los principios fundacionales parecen haber quedado en segundo plano frente a los intereses comerciales y las presiones políticas internas de sus miembros más poderosos.
