Han pasado dieciséis años desde que España tocó el cielo en Sudáfrica, pero el recuerdo de aquel 11 de julio de 2010 sigue vivo en la memoria colectiva. Ahora, una nueva generación de futbolistas que creció viendo a Iker Casillas levantar la Copa del Mundo tiene la oportunidad de repetir la hazaña. Este domingo, la selección española se enfrenta a Argentina en la final del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, un partido que enfrenta a dos épocas y a dos talentos surgidos de La Masia del FC Barcelona: Leo Messi y Lamine Yamal.

«Desde pequeño ves cómo Iker levanta la Copa y tú te ves en ese momento. Todo el mundo soñamos con esa imagen», recuerda Álex Baena, que tenía ocho o nueve años cuando España se proclamó campeona del mundo. Como él, muchos de los jugadores que disputarán la final pasaron de contemplar a sus ídolos por televisión a perseguir el mismo sueño con la camiseta de la selección. La final se disputará en el estadio de Nueva York-Nueva Jersey a las 21.00 horas (hora peninsular española) y enfrentará a la vigente campeona de Europa con la actual campeona del mundo y de América.

Para España, esta es la segunda final mundialista de su historia, después de la lograda en 2010. Argentina, en cambio, afronta su séptima final y aspira a conquistar su cuarta estrella, tras las obtenidas en 1978, 1986 y 2022. La Albiceleste busca además convertirse en la primera selección que revalida el título desde el Brasil de Pelé en 1962. Sea cual sea el resultado, el ganador será el primer país que conquista dos Mundiales masculinos en el siglo XXI. España pretende sumar el título de 2026 al de 2010, mientras que Argentina quiere añadir una nueva corona a la conseguida hace cuatro años en Qatar.

El duelo trasciende lo deportivo. De un lado, Leo Messi, de 39 años, ante la que probablemente sea su última oportunidad de levantar una Copa del Mundo. Del otro, Lamine Yamal, que con 19 años disputa su primer Mundial y está a un partido de alcanzar el título que el argentino tardó cinco participaciones en conquistar. Ambos comparten un origen común: La Masia del FC Barcelona. Messi llegó a Barcelona desde Rosario con 13 años y se convirtió en el mejor futbolista de la historia del club. Lamine comenzó su formación en la cantera azulgrana siendo un niño, después de dar sus primeros pasos en Rocafonda, y debutó con el primer equipo todavía como adolescente.

Una fotografía tomada en 2007 ha reforzado durante los últimos años ese relato casi predestinado. En ella aparece un joven Messi bañando durante una sesión para un calendario solidario a un bebé que, con el paso del tiempo, resultó ser Lamine Yamal. Messi representa la historia ya escrita; Lamine, una historia que apenas comienza. El argentino disputa su tercera final de un Mundial, una cifra que hasta ahora solo había alcanzado el brasileño Cafú. Perdió ante Alemania en 2014, se coronó frente a Francia en 2022 y ahora aspira a despedirse con una cuarta estrella para su país.

Para una parte de España, el Mundial de 2010 permanece asociado a una sucesión de imágenes imborrables: el cabezazo de Carles Puyol contra Alemania, el paradón de Iker Casillas a Arjen Robben, la patada de Nigel de Jong en el pecho de Xabi Alonso, la camiseta dedicada a Dani Jarque y el disparo cruzado de Andrés Iniesta que terminó en el fondo de la portería de Johannesburgo. Después llegó Casillas levantando la Copa del Mundo por primera vez mientras millones de españoles comprendían que aquello ya no era un sueño. Para otra parte, es un relato heredado, contado por padres, hermanos mayores o vídeos repetidos cientos de veces.

La selección que saltará este domingo al césped creció precisamente con esas imágenes. Algunos tenían ocho o nueve años cuando Casillas levantó la Copa. Otros eran todavía más pequeños. Lamine Yamal ni siquiera había cumplido los tres. Ahora son ellos quienes pueden construir un nuevo recuerdo colectivo. Una parada de Unai Simón, una recuperación de Rodri, una carrera de Nico Williams, un pase de Pedri o una acción de Lamine pueden ocupar desde este domingo el lugar que durante dieciséis años han conservado el cabezazo de Puyol, el pie de Casillas y el gol de Iniesta.

La final no solo enfrenta a dos selecciones, sino a dos generaciones que se miran a los ojos. La generación que creció viendo a España ganar el Mundial sueña con repetir la hazaña, y este domingo tiene la oportunidad de escribir su propia página en la historia del fútbol español.