La mirada serena y dulce que algunas personas mayores transmiten no es fruto de la casualidad ni de una vida exenta de dificultades. Según la psicología, esa calma que llama la atención en muchos jubilados es el resultado de un proceso silencioso de reconstrucción emocional que se ha ido gestando a lo largo de los años. Lejos de ser un rasgo innato de personalidad, se trata de una actitud que se cultiva mediante la aceptación, la gestión de las relaciones y la búsqueda de un propósito que dé sentido a los días.

Durante la vida adulta, el trabajo, la familia y las obligaciones ocupan la mayor parte del tiempo y la energía. Sin embargo, al llegar la jubilación y desaparecer muchas de esas responsabilidades, afloran con claridad aspectos emocionales que habían quedado en un segundo plano. Es entonces cuando algunas personas encuentran un equilibrio que acaba reflejándose incluso en su manera de mirar. Los especialistas señalan que quienes afrontan mejor esta etapa suelen haber desarrollado una relación sana consigo mismos, sin depender de la constante aprobación externa ni de la necesidad de llenar cada hora del día con actividades.

Uno de los pilares de esa serenidad es la capacidad de disfrutar de la propia compañía. Muchas personas, al dejar atrás el ritmo frenético de la vida laboral, descubren que no saben qué hacer con los momentos de silencio. En cambio, quienes logran un mayor bienestar son aquellos que aprenden a valorar actividades sencillas como leer, pasear, cuidar las plantas o simplemente contemplar el paisaje sin sentir que están perdiendo el tiempo. Ese bienestar interior no surge de la noche a la mañana, sino que se construye con la aceptación de las propias virtudes y limitaciones.

Otro factor determinante es la calidad de los vínculos personales. Con el paso del tiempo, los círculos sociales tienden a reducirse de forma natural, pero lejos de vivirlo como una pérdida, quienes transmiten serenidad suelen centrarse en conservar aquellas relaciones que les aportan confianza, afecto y tranquilidad. La psicología subraya que no es necesario mantener una vida social intensa para sentirse acompañado; unas pocas relaciones auténticas generan mucho más bienestar que una agenda repleta de compromisos superficiales. La clave está en saber distinguir qué vínculos merecen realmente la energía y cuáles es mejor dejar atrás.

Existe la creencia de que la felicidad durante la jubilación consiste simplemente en descansar. Sin embargo, los expertos recuerdan que el descanso pierde valor cuando no existe un propósito que dé sentido a los días. Ese objetivo no tiene por qué ser extraordinario: puede consistir en cuidar de los nietos, colaborar con una asociación, aprender algo nuevo, cocinar, pintar o mantener un pequeño huerto. Lo importante es sentir que cada jornada tiene un significado propio. Contar con una actividad ilusionante favorece la sensación de utilidad y ayuda a mantener una actitud positiva frente al paso del tiempo.

Resulta tentador pensar que las personas que conservan esa mirada tranquila nunca atravesaron momentos complicados. Pero ocurre precisamente lo contrario. Muchas han vivido pérdidas familiares, problemas económicos, enfermedades o situaciones especialmente difíciles. La diferencia radica en que, con los años, aprendieron a distinguir qué merece realmente su energía y qué conflictos conviene dejar atrás. Los psicólogos explican que esta capacidad para relativizar los problemas suele aparecer cuando la experiencia enseña que no todo puede controlarse y que aferrarse continuamente a la preocupación solo aumenta el sufrimiento.

En definitiva, la expresión serena que algunas personas conservan en la vejez no responde únicamente al carácter ni a la suerte. Es, en buena medida, el resultado de años aprendiendo a gestionar las emociones, aceptar los cambios inevitables y valorar aquello que realmente aporta bienestar. Por eso, cuando alguien transmite calma con solo mirarle a los ojos, probablemente no esté mostrando una vida perfecta, sino el aprendizaje acumulado tras décadas de experiencias. Una serenidad que no nace de evitar el dolor, sino de haber aprendido a convivir con él sin permitir que defina el resto de su historia.

Autor

Corresponsal político

Carlos Benítez cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.