La UEFA y las 55 federaciones de fútbol del continente han anunciado un boicot contra la FIFA, en una escalada del enfrentamiento entre los presidentes Aleksander Ceferin y Gianni Infantino. La medida implica que los países europeos no participarán en las competiciones organizadas por el máximo organismo del fútbol mundial, incluidos los próximos Mundiales. La decisión fue tomada durante una reunión de urgencia en Bruselas, donde los dirigentes europeos calificaron la situación como insostenible.
El conflicto estalló tras las críticas de la UEFA al plan de la FIFA de expandir el Mundial de 2030 a seis continentes y de aumentar el número de partidos, una propuesta que consideran lesiva para la salud de los jugadores y la integridad del calendario deportivo. Infantino, que busca la reelección en el próximo congreso, ha sido acusado por la UEFA de priorizar los intereses económicos sobre el deporte, en especial tras conocerse que la candidatura conjunta de Marruecos, España y Portugal para 2030 se ampliaría a Argentina, Uruguay y Paraguay, con partidos en Sudamérica. La UEFA sostiene que esta fragmentación del torneo perjudica la esencia de la competición.
Varias federaciones europeas han expresado su apoyo al boicot. La Federación Española de Fútbol, la Federación Italiana de Fútbol y la Federación Alemana de Fútbol, entre otras, respaldan la postura de la UEFA. En un comunicado conjunto, los firmantes aseguran que «la FIFA ha demostrado una falta de transparencia y un desprecio por el diálogo». El presidente de la FIFA, por su parte, ha calificado la medida de «desproporcionada» y ha advertido de que podría provocar una crisis sin precedentes en el fútbol mundial. Infantino ha insistido en que el boicot «solo perjudicará a los aficionados y a los propios jugadores europeos».
El boicot europeo podría afectar gravemente a la FIFA, ya que las federaciones europeas aportan la mayor parte de los ingresos televisivos y comerciales. La FIFA obtiene cerca del 80 % de sus ingresos de las competiciones que involucran a selecciones europeas, especialmente la Copa del Mundo. La posible ausencia de selecciones como España, Alemania, Francia, Italia e Inglaterra reduciría drásticamente el interés global y los derechos de transmisión. Además, la UEFA ha amenazado con crear un torneo alternativo si la FIFA no atiende sus demandas, lo que podría dividir aún más el fútbol internacional.
La relación entre la UEFA y la FIFA ha sido tensa desde que Infantino asumió la presidencia en 2016. Ceferin ha criticado repetidamente la gestión de Infantino, acusándolo de autoritarismo y de favorecer a las federaciones más pequeñas a costa de las grandes potencias europeas. La decisión de la FIFA de ampliar el Mundial a 48 equipos y de asignar la sede de 2030 a seis países ha sido el detonante final. En una entrevista reciente, Ceferin declaró: «No podemos permitir que la FIFA se convierta en un club privado donde se tomen decisiones sin consultar a quienes sostienen el fútbol».
Analistas consideran que el boicot podría ser el inicio de una reorganización del fútbol mundial. La UEFA ha dado un ultimátum a la FIFA para que rectifique sus planes antes del próximo Congreso Extraordinario de la FIFA, previsto para septiembre de 2026. Mientras tanto, la FIFA confía en que las negociaciones permitan alcanzar un acuerdo. Sin embargo, fuentes cercanas al organismo mundial indican que Infantino no está dispuesto a ceder en su propuesta de un Mundial globalizado, que cuenta con el respaldo de las federaciones de América, Asia y África. El desenlace de este conflicto definirá el futuro del fútbol internacional.
