Lorena, una joven española que ha decidido abandonar la vida convencional, ha convertido su furgoneta camperizada en su hogar y en su oficina móvil. A través de su cuenta de TikTok, @lore_seamountain, comparte su día a día como parte del creciente movimiento vanlife, una tendencia que gana adeptos en España entre quienes buscan libertad, flexibilidad y una relación distinta con el trabajo y el tiempo.
«No sabía lo que quería hacer con mi vida», confiesa Lorena en uno de sus vídeos. Sin embargo, tenía claro que no deseaba vivir sin tiempo para ella misma. A partir de esa convicción, comenzó a tomar decisiones que la han llevado a construir una existencia nómada, sin un lugar fijo, pero con un propósito definido: trabajar desde cualquier lugar y dedicar tiempo a sus proyectos personales.
El cambio no fue repentino, sino el resultado de una suma de pequeñas decisiones. La furgoneta llegó como una herramienta, no como un fin en sí misma. Le permitía moverse, reducir gastos y, sobre todo, no depender de una ubicación fija. Pero para que este estilo de vida funcionara, necesitaba generar ingresos de manera constante y desde cualquier punto geográfico.
Cómo gana dinero viviendo en una furgoneta
Lorena ha diversificado sus fuentes de ingreso para tener mayor margen de maniobra. Una de sus principales actividades es la terapia de medicina natural, un ámbito en el que ya tenía experiencia. Realiza consultas online, lo que le permite atender a sus pacientes desde cualquier lugar. «Ayudo a personas a mejorar su salud de forma natural», explica en sus redes sociales.
A esto se suma su trabajo como embajadora de una marca de suplementación y cosmética natural. La tercera vía de ingresos es la que más ilusión le genera: ha creado su propia marca de joyería artesanal. «Desde que tengo uso de razón he estado creando cosas con las manos», afirma. Con esta combinación de actividades, ha conseguido ingresos suficientes para mantenerse y, al mismo tiempo, la libertad para organizar su tiempo según sus prioridades.
Cuánto cuesta realmente vivir en una furgoneta
Este estilo de vida no está exento de costes. La inversión inicial es significativa: una furgoneta de segunda mano puede costar unos 20.000 euros, mientras que los modelos nuevos oscilan entre los 40.000 y los 70.000 euros. La camperización, es decir, la adaptación del vehículo para ser habitable, puede costar entre 3.000 y 5.000 euros si se hace por cuenta propia, y puede llegar hasta los 25.000 euros si la realiza un profesional.
En el día a día, los gastos mensuales suelen situarse entre 600 y 1.200 euros. El combustible es una de las partidas más variables, seguida de la alimentación. Después vienen otros gastos más fijos como el seguro, el mantenimiento del vehículo o la conexión a internet. En comparación con vivir en un piso, desaparecen el alquiler o la hipoteca, que suele ser el gasto más elevado, y los suministros se reducen considerablemente. Sin embargo, el transporte pasa a ser un gasto constante, ya que la propia vivienda se desplaza. También desaparecen gastos como la comunidad o el IBI, pero aparecen otros como el impuesto de circulación o el mantenimiento del vehículo. Al final, no es que no haya gastos, sino que cambian de naturaleza.
Una forma distinta de entender el trabajo y el tiempo
Para Lorena, lo importante no es tanto la furgoneta en sí, sino lo que le permite hacer. «Estoy construyendo una vida que me permite trabajar desde donde quiero y dedicar tiempo a mis proyectos», resume. Reconoce que este no es un modelo para todo el mundo, ni pretende serlo. Tiene sus complicaciones, momentos incómodos y exige bastante organización. Pero para ella, el equilibrio compensa.
Su historia está conectando con muchas personas porque plantea que hay más de una forma de vivir y de trabajar. En un contexto donde el teletrabajo y la búsqueda de alternativas al modelo tradicional ganan terreno, el movimiento vanlife representa una opción viable para quienes priorizan la libertad sobre la estabilidad convencional. Aunque no siempre es fácil, Lorena demuestra que es posible construir algo diferente si se tiene claro lo que se busca.
La joven española se suma así a una comunidad creciente de nómadas digitales y entusiastas de la vida en furgoneta que recorren España y Europa, combinando trabajo remoto con exploración y contacto con la naturaleza. Su testimonio refleja una tendencia que, lejos de ser una moda pasajera, parece consolidarse como una alternativa real para quienes desean rediseñar su relación con el espacio, el tiempo y el trabajo.
