El incendio forestal declarado en la zona de Burgohondo, en la provincia de Ávila, ha alcanzado las 50.000 hectáreas calcinadas y se ha convertido en el mayor fuego registrado en la historia reciente de España. La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, confirmó este domingo desde el puesto de mando unificado de Navalcarnero, en Madrid, que el incendio abulense supera ya las 37.765 hectáreas que ardieron en agosto del pasado año en los municipios de Larouco, Quiroga y Oencia, entre las provincias de Ourense, Lugo y León.

En conjunto, los incendios que afectan al centro de la península —Ávila, Madrid y Toledo— han arrasado aproximadamente 77.000 hectáreas dentro de un perímetro de 280 kilómetros. A las 50.000 hectáreas de Ávila se suman las 25.000 hectáreas quemadas en la sierra madrileña y otras 2.000 en la provincia toledana. Las llamas han obligado a desalojar o confinar a cerca de 90.000 personas en las tres provincias. El Gobierno ha ordenado la evacuación de 39 municipios: 16 en Ávila, 12 en Madrid y 11 en Toledo. Además, siete localidades permanecen confinadas entre Ávila y Madrid. Durante la tarde de este domingo, Villa del Prado se sumó a la lista de confinamientos, mientras que la urbanización El Encinar del Alberche, en dirección a ese municipio madrileño, fue evacuada.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se desplazó hasta el puesto de mando avanzado de Navaluenga, en Ávila, donde destacó que la evolución en el control de los incendios del centro de España es «muy positiva» y que algunos sectores del perímetro están ya «consolidados». No obstante, la vicepresidenta Aagesen insistió en que la emergencia continúa siendo «compleja» y que todos los medios humanos y materiales permanecen trabajando sin descanso. Aagesen defendió que resulta «fundamental» actuar unidos y con anticipación ante una crisis de esta magnitud. Sánchez avanzó además que el Consejo de Ministros aprobará este martes el real decreto para declarar zonas gravemente afectadas por una emergencia de protección civil los territorios castigados por las llamas.

La atención se mantiene también sobre el incendio de La Vall d'Uixò, en Castellón, que continúa fuera de control después de quemar más de 6.500 hectáreas. El fuego, con un perímetro de unos 40 kilómetros, ha obligado a desalojar a más de 16.000 personas de casi una veintena de municipios. En la zona trabajan alrededor de 450 efectivos y una veintena de medios aéreos. Las previsiones meteorológicas siguen siendo desfavorables y está previsto que Sánchez visite mañana el área afectada. La delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, ha indicado que «no parece» que el fuego se originara por causas naturales, aunque ha precisado que todas las líneas de investigación continúan abiertas.

Los reyes Felipe VI y la reina Letizia visitaron el puesto de mando de Navalcarnero, donde el monarca elogió la coordinación «ejemplar en todos los sentidos» entre los distintos servicios de extinción y emergencias. Los reyes trasladaron su apoyo a las personas damnificadas y expresaron su preocupación por la pérdida de patrimonio natural. En las tareas de extinción participan medios procedentes de Grecia, Italia, Turquía y Portugal, además de efectivos de once comunidades autónomas y varias entidades locales. La Unidad Militar de Emergencias mantiene desplegados 1.500 militares y unos 500 medios.

El director técnico del incendio de Ávila señaló que la mejora meteorológica de este domingo ofrece una «pequeña oportunidad» para controlar las llamas, aunque advirtió de que el periodo de mayor riesgo se mantendrá hasta las 21:00 horas. Protección Civil ha indicado que, de los 90.000 afectados, 59.896 personas han sido evacuadas y otras 29.867 permanecen confinadas en sus viviendas. Los tres incendios del centro peninsular suman ya un perímetro de 280 kilómetros, una cifra sin precedentes en la historia reciente de España. El Gobierno, las comunidades autónomas y las entidades locales mantienen activados todos los protocolos de emergencia mientras los equipos de extinción trabajan contrarreloj para evitar que las llamas avancen hacia nuevas zonas habitadas.