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Política

Hungría convierte a András Baka en el rostro de su ruptura con la era Orbán

Por Carlos Benítez · 4 min

El exjefe del Tribunal Supremo fue elegido presidente con 140 votos. Fidesz boicoteó la sesión y la conversación política se desplaza ahora hacia los límites de la nueva mayoría de Tisza.

Hungría ya tiene una imagen clara para contar su ruptura con la era de Viktor Orbán: András Baka, el juez que perdió antes de tiempo la presidencia del Tribunal Supremo durante aquellas reformas, ha sido elegido ahora presidente de la República. El Parlamento le dio el 11 de agosto 140 de los 146 votos emitidos. Está previsto que tome posesión el 19 de agosto.

La historia funciona muy bien para la comunicación política de Tisza. Péter Magyar ganó las elecciones del 12 de abril con una mayoría de dos tercios y puso fin a 16 años de Orbán como primer ministro. Desde entonces, su Gobierno ha presentado los cambios institucionales como una forma de recuperar controles democráticos y acercar de nuevo el país a los estándares europeos.

Baka encaja exactamente en ese relato. Había sido juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos durante muchos años antes de regresar a Hungría y asumir la dirección del Tribunal Supremo en 2009. Cuando criticó públicamente varias reformas judiciales del Gobierno de Orbán, su figura se convirtió en un punto de conflicto político.

La posterior transformación del Tribunal Supremo en la Kúria hizo que su mandato terminara de manera anticipada. Baka recurrió a Estrasburgo y, en 2016, la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos determinó que se habían producido vulneraciones del Convenio en su caso.

El episodio pasó a formar parte de la conversación europea sobre el Estado de derecho en Hungría. En 2026 el relato se ha invertido. Tamás Sulyok dejó la presidencia después de un procedimiento constitucional promovido por la nueva mayoría en julio. Tisza propuso a Baka y Fidesz decidió boicotear la votación.

Para el antiguo partido de gobierno, la remodelación institucional de Magyar no es una reparación, sino una nueva forma de abuso de la mayoría. Esa crítica introduce una pregunta incómoda en el discurso de Tisza. Dos tercios permiten cambiar la Constitución y las instituciones con rapidez, independientemente de quién los tenga.

Si el problema de la era Orbán fue también la concentración de poder, el nuevo Gobierno necesita demostrar que acepta límites incluso cuando esos límites dificultan su propia agenda. Ahí entra la presidencia de Baka. El cargo es sobre todo ceremonial y no dirige el Gobierno, pero participa en el proceso legislativo.

Una presidencia verdaderamente independiente puede frenar la idea de que cada victoria electoral debe traducirse en control total de las instituciones. Baka pareció apuntar a esa función desde el primer momento. Tras el voto habló de neutralidad, reconciliación y rechazo a la venganza. También insistió en que la identidad europea de Hungría forma parte de su historia y su cultura.

La conversación cambiará después del 19 de agosto. Hasta entonces, la historia es la del juez apartado que vuelve como presidente. A partir de su investidura, será la del presidente que tendrá que decidir si pone límites a una mayoría que lo ha convertido en símbolo de su propia victoria. Su credibilidad dependerá menos del relato del regreso y más de las decisiones concretas ante las próximas reformas.

Carlos Benítez

Autor

Corresponsal político

Carlos Benítez cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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