La escalada bélica entre Estados Unidos e Irán ha alcanzado este domingo un nuevo nivel de gravedad, con ataques que se han extendido a varios países de Oriente Medio que albergan bases militares estadounidenses. La Guardia Revolucionaria de Irán ha anunciado el cierre «hasta nuevo aviso» del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo, y ha lanzado ofensivas con misiles balísticos y drones contra Jordania, Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Baréin, en represalia por los bombardeos estadounidenses contra territorio iraní.

La nueva ofensiva de Washington, la tercera en una semana, alcanzó unos 140 objetivos militares en Irán, según el Comando Central de Estados Unidos (Centcom). El ataque se produjo después de que Teherán bombardeara un portacontenedores con bandera de Chipre que navegaba por el estrecho de Ormuz. Medios iraníes han informado de explosiones en diversas ciudades de la provincia de Bushehr, donde se encuentra una central nuclear, así como en localizaciones cercanas a Ormuz. De momento no se conocen detalles sobre víctimas en estos ataques.

La decisión de cerrar el estrecho de Ormuz fue comunicada por la Guardia Revolucionaria, que advirtió de que cualquier interferencia extranjera para abrir una «ruta ilegal» en la región recibirá una respuesta contundente. El cuerpo armado justificó la medida después de que varias embarcaciones ignoraran la advertencia de transitar exclusivamente por una zona autorizada. Según la información difundida por la corporación de radiodifusión estatal IRIB, un buque puso en peligro la seguridad marítima y, tras disparos de advertencia, la Armada de la Guardia Revolucionaria lo detuvo.

El secretario del Departamento de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, respondió al cierre del estrecho con un mensaje en redes sociales en el que afirmó: «Irán ha tomado una mala decisión. Ahora pagará». La advertencia refleja la creciente tensión entre ambos países, que parecían haber alcanzado un acuerdo el pasado 17 de junio para poner fin a la guerra, desbloquear Ormuz y abrir negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, el presidente estadounidense, Donald Trump, dio por terminado ese acuerdo hace unos días, lo que precipitó la reanudación de los bombardeos.

Irán, por su parte, ha reivindicado ataques con misiles balísticos contra las bases aéreas Príncipe Hassan, en Jordania, y Al Udeid, en Catar. Esta última alberga el mayor contingente de tropas y equipos de Estados Unidos en Oriente Medio. Según el Ministerio del Interior catarí, al menos tres personas, entre ellas un niño, resultaron heridas por la caída de metralla durante la intercepción de los proyectiles lanzados desde Irán. El Ejército iraní también ha reivindicado una ofensiva con «drones destructivos» contra el sistema antimisiles Patriot en Kuwait, así como contra un depósito de municiones y una estación de radar de las fuerzas estadounidenses en ese país.

En otra ofensiva, Teherán atacó el sistema de comunicaciones y la estación de radar del Ejército estadounidense en Baréin. Además, la Guardia Revolucionaria informó de que atacó un segundo buque que transitaba por el estrecho de Ormuz, después del bombardeo previo al navío de bandera chipriota. La ofensiva iraní se ha extendido también a Emiratos Árabes Unidos y Omán, aunque las autoridades omaníes han denunciado que su país fue atacado por «drones» sin precisar su procedencia.

El Gobierno de Kuwait ha calificado la ofensiva iraní como una «escalada de máxima gravedad» que «socava los esfuerzos diplomáticos» para la desescalada. En un comunicado, el Ministerio de Exteriores kuwaití expresó su condena y denuncia «por las atroces agresiones iraníes perpetradas esta mañana contra el Estado de Kuwait, que reflejan la determinación de mantener una estrategia hostil reiterada». La declaración subraya que la continuación de estas agresiones representa una amenaza para la paz y la seguridad regionales.

El estrecho de Ormuz es una vía marítima clave por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Su cierre podría tener graves consecuencias económicas globales, ya que interrumpiría el suministro de crudo desde los principales productores del Golfo Pérsico. La comunidad internacional sigue con atención los acontecimientos, mientras los esfuerzos diplomáticos parecen haber quedado en suspenso tras el colapso del acuerdo de junio.