Irán ha iniciado este sábado los funerales más multitudinarios de su historia para despedir al líder supremo Alí Jamenei, asesinado el pasado 28 de febrero en bombardeos que el gobierno iraní atribuye a Estados Unidos e Israel. Las ceremonias, que comenzaron el viernes con un acto cerrado al público, se prolongarán durante seis días en cinco ciudades de Irán e Irak, en medio de un despliegue de seguridad sin precedentes y con la asistencia prevista de millones de personas.
En la enorme mezquita Mosala de Teherán, miles de iraníes se han congregado desde primera hora de la mañana para rendir homenaje al religioso que lideró el país durante más de 36 años. Los asistentes corean consignas como «Labbaik ya Jamenei» (Lealtad a Jamenei), «muerte a Estados Unidos» y «muerte a Israel», mientras se golpean el pecho rítmicamente en señal de duelo, una práctica habitual en los funerales chiíes. Una enorme pancarta roja con la inscripción «Kill Trump» (matar a Trump) refleja la ira hacia el presidente estadounidense, a quien muchos responsabilizan del asesinato.
El rostro de Jamenei domina la capital iraní, multiplicado en carteles gigantescos que muestran al líder rezando con turbante negro y barba blanca, así como imágenes más jóvenes con uniforme militar durante la guerra con Irak. Algunos carteles llevan el eslogan «Debemos levantarnos». El líder supremo, de 86 años, era considerado por sus seguidores como el representante en la tierra del duodécimo imán de los chiíes, desaparecido en el siglo IX, y su presencia fue constante desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, donde ocupó cargos como la presidencia antes de convertirse en líder supremo.
«Aún no puedo creer su muerte», declaró a EFE Mehdi, un trabajador de una tienda de ropa de 51 años que acudió a la mezquita con su hijo de 13 años. «Es como si hubiera perdido a mi padre. La tristeza es inmensa», añadió. Alireza, un ingeniero informático de 33 años, expresó un sentimiento similar: «Yo veía a nuestro líder mártir como a un padre» y «cuando uno pierde a un padre, el sentimiento de tristeza permanece para siempre». Mohamad Hosein, un jubilado de 64 años, sollozaba mientras afirmaba que Jamenei era «la personalidad más grande del mundo» y prometió «apoyar con firmeza a su hijo» Mojtaba, su sucesor, que aún no ha aparecido en público.
Las llamadas a la venganza son constantes entre los asistentes. «También he venido para exigir venganza por su asesinato», afirmó Hosein, mientras el grito «venganza, venganza, venganza» resuena en el recinto religioso. En el escenario, decorado de manera similar a la oficina desde donde Jamenei solía dar discursos, descansan los féretros del líder y de cuatro de sus familiares asesinados junto a él, incluida una nieta.
La ceremonia oficial comenzó el viernes con un acto cerrado al público en el que cientos de altos cargos iraníes y delegaciones extranjeras rindieron homenaje al religioso. Entre los asistentes se encontraban los primeros ministros de Pakistán y Armenia; los presidentes de Irak, Tayikistán y Georgia, así como representantes de Rusia, China, Siria, Líbano, Afganistán y Arabia Saudí. Sin embargo, la presencia internacional fue menor que en los funerales del fallecido presidente Ebrahim Raisí en 2024, y solo Catar y Omán enviaron representantes oficiales de los países del golfo Pérsico, lo que refleja las tensiones tras la guerra.
Las autoridades iraníes presentaron sus respetos entre lágrimas: el presidente Masud Pezeshkian lloró ante el ataúd junto con el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, y el jefe del Poder Judicial, Golamhosein Mohseni Eyei. El programa de funerales incluye un velorio en la mezquita Mosala durante el sábado y el domingo; el lunes, el cortejo recorrerá la capital; el martes, el funeral se trasladará a la ciudad religiosa de Qom; el miércoles a Irak, y finalmente el jueves Jamenei será enterrado en su ciudad natal de Mashad, la más sagrada de Irán por albergar el mausoleo del imán Reza, el octavo del chiísmo. Las autoridades esperan que 8,5 millones de personas viajen a esta ciudad nororiental para participar en el entierro.
La capital iraní se encuentra en estado de máxima alerta, con una fuerte presencia policial, vuelos limitados sobre Teherán y un perímetro de seguridad de un kilómetro y medio en torno a la mezquita Mosala, con acceso restringido en toda esa zona. Se trata de un dispositivo de seguridad sin antecedentes en el país, tras el asesinato del propio Jamenei y de otros altos cargos militares y políticos durante la guerra. Las autoridades prevén la participación de unos 20 millones de personas en Teherán para despedir a Jamenei, lo que superaría los 10 millones que asistieron al funeral del fundador de la República Islámica, Ruholá Jomeiní, en 1989, hasta ahora el mayor del país. Para acoger a los asistentes, se habilitarán mezquitas, colegios y polideportivos en la capital.
