La UEFA ha anunciado que ninguna de las 55 selecciones nacionales que la integran participará en competiciones organizadas por la FIFA mientras el máximo organismo del fútbol mundial mantenga su plan de crear una filial para comercializar sus eventos, entre ellos la Copa del Mundo. La decisión, adoptada por unanimidad tras una reunión celebrada este jueves, supone un desafío directo a la presidencia de Gianni Infantino y abre una crisis sin precedentes en la gobernanza del fútbol internacional.

«Rechazamos de forma unánime e inequívoca la propuesta de la FIFA de transferir participaciones de propiedad de la Copa del Mundo y de otras competiciones a inversores privados», señala el comunicado emitido por la UEFA. El organismo europeo advierte de que «ninguna selección nacional de la UEFA participará en ninguna competición de la FIFA mientras estas propuestas sigan vigentes, a menos que dicha propuesta se haya abandonado por completo y se hayan dado garantías vinculantes de que la FIFA nunca más abrirá su gobernanza ni sus competiciones a la propiedad privada».

La FIFA había comenzado a explorar la posibilidad de crear una entidad separada que gestionara los derechos comerciales y de marketing de sus torneos, incluido el Mundial, con el objetivo de obtener financiación externa. Según fuentes próximas a la negociación, el plan habría sido discutido en secreto durante meses sin consultar a las federaciones nacionales, un hecho que la UEFA califica de «irresponsable e indefendible». El comunicado europeo subraya que «la Copa del Mundo no está en venta» y no puede ser tratada «como un producto de inversión».

«Es uno de los mayores legados deportivos del fútbol, forjada a lo largo de generaciones gracias a los jugadores, las selecciones nacionales y los aficionados de todos los continentes. Ninguna parte de ella debe cederse jamás a inversores privados», insiste la UEFA. El tono del comunicado es especialmente duro al referirse al proceso de toma de decisiones dentro de la FIFA: «Esto no es solo un profundo fracaso de liderazgo, sino una renuncia al deber de la FIFA como guardiana del fútbol mundial».

La UEFA considera que la propuesta se ha llevado «al borde de su aprobación sin ninguna consulta significativa» con quienes tienen encomendada la gestión del deporte. «Las federaciones nacionales de todo el mundo se enfrentan ahora a un ultimátum: aceptar la apropiación irreversible de las competiciones más importantes del fútbol o asumir las consecuencias. No se trata de una «decisión democrática», sino de una gobernanza basada en la intimidación: un acto de coacción indigno de una institución a la que se le ha confiado la gestión del fútbol mundial», denuncia el texto.

El organismo europeo va más allá al advertir sobre las consecuencias a largo plazo de la entrada de capital privado en la FIFA. «En el momento en que los inversores externos adquieran participaciones en las competiciones de la FIFA, el fútbol cambiará para siempre. La rentabilidad comercial se convertirá en una obligación permanente. Las expectativas de los inversores se convertirán en una presión diaria. A partir de ese momento, cada decisión sobre el calendario internacional, cada decisión sobre los formatos de las competiciones y cada decisión que dé forma al futuro del fútbol ya no estará motivada por lo que mejor sirva al deporte, sino por lo que mejor sirva a los accionistas», señala.

La UEFA concluye que «este modelo no tiene cabida en el fútbol mundial» y que «el futuro del fútbol no puede verse dictado por las expectativas de aquellos cuyo principal deber es maximizar la rentabilidad financiera». Por último, el comunicado recalca que «la postura de Europa es clara. Nunca otorgaremos legitimidad a este modelo. Nadie tiene la autoridad moral para vender lo que simplemente se le ha confiado en nombre de la próxima generación».

El conflicto entre ambas entidades amenaza con desestabilizar el calendario internacional, ya que la FIFA tiene previstos varios torneos en los próximos años, entre ellos el Mundial de 2026 que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá. La negativa de las selecciones europeas a participar supondría un golpe casi letal para la competición, que perdería a sus equipos más potentes y a su principal base de aficionados. Por ahora, la FIFA no ha emitido una respuesta oficial, aunque fuentes internas citadas por medios internacionales indican que el organismo está dispuesto a mantener su plan al considerar que la oposición de la UEFA responde más a disputas de poder que a una defensa genuina del deporte.