La UEFA ha celebrado la decisión de la FIFA de retirar su plan para vender a inversores privados una participación en el Mundial y en otras competiciones, y ha pedido la dimisión de su presidente, Gianni Infantino, al considerar que ha perdido la confianza de las federaciones europeas. El organismo que preside Aleksander Ceferin difundió un comunicado en el que subraya que la propuesta fue rechazada por unanimidad por las 55 federaciones nacionales de la UEFA y por muchas otras federaciones y confederaciones de todo el mundo, «independientemente de su tamaño, cuya misión es proteger el fútbol».

El proyecto, bautizado como FIFA Forward Enterprise, fue anunciado el martes por Infantino como una nueva filial propiedad del organismo rector del fútbol mundial para vender parte de los torneos de la FIFA, incluidos el Mundial y el Mundial de Clubes. La reacción en contra fue inmediata. La Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL), la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (CONCACAF) y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) mostraron su oposición, mientras que la UEFA y sus 55 federaciones fueron más allá y anunciaron que no participarían en las competiciones de la FIFA si el proyecto seguía adelante.

A la presión se sumó el viernes la dimisión de Carlos Cordeiro, asesor principal de Infantino, como protesta por un plan que, en su opinión, supondría «un mal negocio para el fútbol». Toda esa oposición obligó al presidente de la FIFA a dar marcha atrás. Este sábado, Infantino renunció a sus planes al entender que habían «generado divisiones» y que estas «ya no redundan en beneficio del objetivo planteado inicialmente», según confirmó la propia FIFA en un comunicado.

Para el fútbol europeo, la cancelación del proyecto es «una victoria para todo el fútbol», pero no el final de la historia. En su comunicado, la UEFA agradeció a «todos los aficionados, ligas, clubes, jugadores, particulares, federaciones y confederaciones que se opusieron a esta iniciativa», así como a los numerosos primeros ministros, jefes de Estado y comentaristas que demostraron al presidente de la FIFA que «el fútbol no está en venta».

La UEFA advirtió además de que «no podemos seguir así, con planes secretos que se tramitan por la vía rápida, ideados por personas anónimas y de dudoso beneficio para el deporte». En su opinión, es necesario «identificar a los responsables y exigirles que rindan cuentas», y anunció que en los próximos días y semanas trabajará con sus federaciones y en colaboración con otras confederaciones para analizar cómo ocurrió todo y elaborar un plan que garantice que no vuelva a suceder. «Esa revisión debe ser exhaustiva y profunda. No debe descartarse ninguna opción», añadió.

El comunicado europeo también recupera las promesas que Infantino hizo en 2016, cuando pidió los votos de las federaciones para ser elegido presidente de la FIFA. Entonces afirmó: «El dinero de la FIFA es su dinero. No es el dinero del presidente de la FIFA. Es su dinero». Ahora, la UEFA sostiene que «en ambas promesas no ha cumplido», porque el acuerdo que ideó fue «todo menos transparente» y porque la organización mantiene unas reservas que superan los 5.000 millones de dólares.

Ante esa situación, la UEFA anunció que comenzará «a trabajar de inmediato» con socios y partes interesadas de todo el mundo para proponer «una nueva forma de distribuir los recursos a través del programa FIFA Forward ya existente». La intención es utilizar parte de ese dinero «que permanece inactivo en la cuenta bancaria de la FIFA» para impulsar el fútbol base en los 211 países del organismo. «Pero no es necesario que vendamos las joyas de la familia para financiarlo», señaló.

La crisis interna deja dañada la relación entre la UEFA y la cúpula de la FIFA. Mientras la directiva europea pide responsabilidades, Infantino insiste en que la propuesta ya ha sido retirada, pero la UEFA considera que «la tarea de restablecer la confianza en la FIFA no ha hecho más que empezar».