El Tribunal de Distrito de Oslo ha acordado este lunes que Marius Borg Høiby, hijo de la princesa Mette-Marit de Noruega, abandone la prisión de alta seguridad de Ila para cumplir la prisión preventiva bajo arresto domiciliario en Skaugum, la residencia oficial de los príncipes herederos Haakon y Mette-Marit. El joven de 29 años portará una tobillera electrónica y estará sometido a un estricto sistema de vigilancia mientras se resuelve el recurso presentado contra la condena de cuatro años de cárcel impuesta el pasado mes de junio.
La decisión supone un importante cambio en la situación del hijo de la princesa, que permanecía encarcelado desde principios de febrero tras ser detenido poco antes del inicio de un juicio que se prolongó durante siete semanas. Este proceso se ha convertido en uno de los mayores escándalos que ha sacudido a la Casa Real de Noruega en las últimas décadas. Aunque abandona la prisión, la resolución no implica su puesta en libertad definitiva ni modifica la condena dictada en primera instancia.
Su ingreso en Skaugum tiene carácter provisional hasta que el Tribunal Superior de Noruega estudie la apelación presentada por su defensa, un proceso que previsiblemente no se resolverá hasta 2027. El tribunal considera que, bajo un régimen de vigilancia electrónica y dentro del programa policial destinado a controlar el riesgo de reincidencia, Marius Borg puede abandonar temporalmente la cárcel. Sin embargo, la decisión está lejos de cerrar el debate.
La Fiscalía noruega ya ha anunciado que recurrirá esta resolución al entender que sigue existiendo un riesgo real de que pueda cometer nuevos delitos y considera que debería continuar en prisión hasta que exista una sentencia firme. Precisamente, el supuesto riesgo de reincidencia ha sido uno de los principales puntos de enfrentamiento entre la acusación y la defensa durante la vista celebrada en Oslo. Mientras el Ministerio Público sostiene que todavía representa un peligro para una de las mujeres implicadas en el procedimiento, los abogados del hijo de Mette-Marit defienden que ese riesgo se ha reducido notablemente gracias al control permanente que permitirá la tobillera electrónica y al seguimiento policial que recibirá durante este periodo.
Durante la vista, el propio Marius Borg intervino para asegurar que no desea volver a mantener contacto con ninguna de las víctimas relacionadas con el caso. Incluso llegó a afirmar que, si alguna de ellas intentara acercarse a él en el futuro, avisaría inmediatamente a la policía. También explicó que no pretende enfrentarse a un nuevo proceso mediático y judicial más allá del recurso presentado por su equipo legal, insistiendo en que quiere dejar atrás esta etapa.
El cambio de prisión por el domicilio familiar llega después de varios meses especialmente complicados para el hijo de la princesa Mette-Marit. Tras el cierre temporal de la prisión de Oslo, fue trasladado al centro penitenciario de Ila, una cárcel de alta seguridad donde permanecía en aislamiento voluntario por motivos de seguridad. Según trasladó entonces su defensa, esa situación habría provocado un importante deterioro en su estado anímico y físico, con problemas de sueño, dificultades para alimentarse, pérdida de memoria y un acusado aislamiento social.
Otro de los argumentos utilizados por sus abogados para solicitar el arresto domiciliario fue la delicada situación familiar que atraviesa. Durante los últimos meses, Mette-Marit de Noruega ha permanecido alejada de la vida pública mientras se recupera del trasplante de pulmón al que fue sometida tras el agravamiento de la fibrosis pulmonar crónica que padece desde 2018. La enfermedad de su madre fue presentada por la defensa como una circunstancia humanitaria que justificaba el traslado de Marius Borg a la residencia de Skaugum, donde conviven los príncipes herederos.
La condena de cuatro años de prisión que ahora intenta rebajar mediante la apelación fue dictada el pasado 15 de junio. El Tribunal de Distrito de Oslo le impuso esa pena tras declararlo culpable de dos delitos de violación, malos tratos contra una expareja, amenazas, agresiones, delitos relacionados con drogas, quebrantamiento de órdenes de alejamiento e infracciones graves de tráfico. En total, fue condenado por 34 de los 39 cargos que se presentaron durante el juicio, además de ser obligado a indemnizar con cerca de 58.000 euros a cuatro de las víctimas.
El origen de este procedimiento se remonta a agosto de 2024, cuando una aparente discusión doméstica terminó desencadenando una investigación policial que fue creciendo con el paso de los meses. Lo que inicialmente parecía un episodio aislado acabó destapando una compleja causa judicial tras el análisis del teléfono móvil de Marius Borg. De ese dispositivo surgieron numerosos mensajes, conversaciones y pruebas que ampliaron considerablemente la investigación y permitieron a la policía reconstruir un patrón de comportamiento que terminó llevando al hijo de Mette-Marit al banquillo.
La dimensión del caso ha colocado a la monarquía noruega bajo una presión institucional sin precedentes. Aunque Marius Borg no forma parte oficialmente de la Familia Real de Noruega al ser hijo de una relación anterior de Mette-Marit antes de su matrimonio con el príncipe Haakon, su estrecha vinculación con los herederos y su presencia habitual en actos familiares han provocado que cada decisión judicial tenga un enorme impacto sobre la imagen de la Corona. La resolución de su apelación, que podría tardar hasta 2027, mantendrá a la familia real en el centro de la atención mediática durante los próximos años.
