El Gobierno de Pedro Sánchez ha desplegado hasta tres aeronaves del Ejército del Aire —dos Falcon y un Airbus— para trasladar a la delegación española a la 36ª cumbre de la OTAN que se celebra en Ankara (Turquía). El propio presidente viajó en el Airbus, el avión de mayor capacidad, acompañado de un Falcon de emergencia, mientras que los ministros de Exteriores, José Manuel Albares, y de Defensa, Margarita Robles, volaron en el segundo Falcon. Los tres aparatos despegaron de la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid) y aterrizaron en la capital turca con una diferencia máxima de una hora y 37 minutos entre el primero y el último, según reflejan plataformas de seguimiento de tráfico aéreo consultadas por fuentes periodísticas.
El despliegue aéreo contrasta con la política medioambiental que el Ejecutivo defiende como bandera, ya que la movilización de tres aviones militares genera un impacto contaminante significativo. En el plano diplomático, la llegada de Sánchez estuvo marcada por un momento de desconcierto protocolario: las autoridades turcas habían preparado dos ramos de flores, uno para el presidente y otro para su esposa, Begoña Gómez, quien finalmente no viajó a Ankara. Sánchez recogió uno de los ramos y declinó el segundo, en un gesto que quedó registrado por las cámaras de televisión.
La ausencia de Begoña Gómez se debe a la decisión judicial del magistrado Antonio Viejo, sustituto del juez Juan Carlos Peinado en el Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid. El juez autorizó parcialmente la solicitud presentada por Gómez el pasado 29 de junio para viajar al extranjero, permitiéndole desplazarse a Londres para asistir a la graduación de su hija, pero denegó expresamente su salida a Turquía. En su resolución, el magistrado subrayó que «Turquía no pertenece al espacio de libertad, seguridad y justicia de la Unión Europea», lo que dificulta la cooperación policial y judicial en caso de necesidad, por lo que optó por mantener la medida cautelar que le prohíbe abandonar territorio nacional. Gómez está imputada por delitos de corrupción en el sector privado, tráfico de influencias, malversación y apropiación indebida, y tiene el pasaporte retirado por «riesgo de fuga».
En el plano político, la cumbre de la OTAN en Ankara tiene como eje central el debate sobre el aumento del gasto en defensa. El secretario general de la Alianza, Mark Rutte, ha insistido en que España debe elevar su inversión militar hasta el 5% del Producto Interior Bruto (PIB), lo que supondría desembolsar unos 3.500 millones de euros anuales, frente a los 2.200 millones que calcula el Gobierno español. Sin embargo, el Ejecutivo de Sánchez rechaza esta exigencia y defiende que con alcanzar el 2% del PIB ya cumple los compromisos adquiridos con los aliados en la cumbre del año pasado celebrada en La Haya (Países Bajos). En Moncloa sostienen que las declaraciones de Rutte buscan apaciguar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y que España llega a Ankara «con los deberes hechos» tras haber cumplido los objetivos acordados.
El presidente Sánchez ha reiterado durante su intervención en la cumbre que no está dispuesto a incrementar el gasto militar más allá del 2% del PIB, argumentando que esa cifra es suficiente para garantizar las capacidades de defensa del país dentro de la Alianza Atlántica. Esta postura choca frontalmente con la presión ejercida por Rutte, quien ha afirmado que «el tiempo dirá quién tiene razón, pero yo creo que la tengo yo». La cumbre de Ankara, que se celebra durante dos días, reúne a dirigentes políticos, militares y representantes del sector tecnológico para impulsar nuevas inversiones en armamento y acuerdos de cooperación empresarial en ámbitos como drones, satélites y vigilancia aérea.
El despliegue de tres aviones militares para una cumbre en la que el presidente español se niega a aumentar el gasto en defensa ha generado críticas entre sectores que consideran contradictorio movilizar recursos tan costosos mientras se rechazan las peticiones de la OTAN. La delegación española, compuesta por Sánchez, Albares y Robles, tiene prevista una agenda intensa en Ankara, con reuniones bilaterales y sesiones plenarias, mientras que la ausencia de Begoña Gómez sigue siendo motivo de comentarios en los pasillos de la cumbre.
