El incendio forestal declarado el jueves en la pedanía almeriense de Los Gallardos se ha convertido en una de las mayores tragedias provocadas por el fuego en Andalucía en los últimos años. Al menos once personas han perdido la vida y ocho han resultado heridas, cuatro de ellas de gravedad, según el último balance ofrecido por la Junta de Andalucía. Las llamas, que se propagaron con una velocidad inusitada debido al fuerte viento, sorprendieron a varias personas que intentaban huir por rutas improvisadas, lo que agravó la tragedia.

El consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, confirmó que la mayoría de los fallecidos son ciudadanos extranjeros, en su mayoría de origen británico, una comunidad muy asentada en la comarca del Levante almeriense. La teniente alcalde de Los Gallardos, Antonia Martínez, explicó que tanto en Bédar como en Los Gallardos la presencia de residentes internacionales es muy amplia. Cuatro de las víctimas mortales quedaron atrapadas en el interior de un vehículo cuando intentaban escapar, mientras que otras siete fallecieron mientras caminaban buscando una vía de escape.

El incendio, que aún no tiene una causa confirmada, podría haberse originado en un tendido eléctrico, según las primeras hipótesis. Sin embargo, en cuestión de minutos, el viento transformó un pequeño foco en un infierno imparable. Las llamas han calcinado ya más de 3.150 hectáreas de terreno forestal y han obligado a evacuar a más de un millar de personas. La Unidad Militar de Emergencias (UME) se ha desplegado sobre el terreno para apoyar al dispositivo autonómico del Plan Infoca, que lucha sin descanso contra el fuego.

El alcalde de Bédar, Francisco Miguel Reyes, describió la situación como «un fuego que no se había conocido anteriormente, muy grave», que está afectando gravemente a su municipio y a la zona de Los Gallardos. El regidor local lamentó la rápida propagación de las llamas, impulsada por las altas temperaturas y el viento, y señaló que hubo personas que no quisieron abandonar sus hogares a tiempo. «Afortunadamente, algunos que no quisieron salir están con vida, pero otros no», declaró.

Antonio Sanz advirtió de que el desvío por rutas improvisadas y no coordinadas en medio del humo ha agravado la tragedia. Muchas de las víctimas intentaron huir a pie o en vehículo por caminos no preparados, lo que las convirtió en una «ratonera mortal». El consejero calificó el suceso como «la tragedia sin precedentes» en la región y trasladó el pésame de la Junta de Andalucía a las familias y allegados de los fallecidos. «El dolor es inmenso. Andalucía está de luto y nuestro corazón está con Almería y con todos los afectados», afirmó.

En cuanto a los heridos, cuatro de ellos presentan quemaduras de diversa consideración y podrían ser trasladados en helicóptero al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla desde el Hospital Torrecárdenas de Almería, donde fueron inicialmente atendidos. Los otros cuatro heridos presentan un estado menos grave. Las autoridades sanitarias continúan evaluando la evolución de todos los afectados.

La red de transportes e infraestructuras de la comarca del Levante almeriense sigue severamente afectada, aunque varias vías han sido ya reabiertas al tráfico. Los núcleos de Almocáizar, Fuente del Albarico, Los Pinos, La Serena y el Pinar de Bédar, así como el complejo turístico Miraflores, permanecen evacuados mientras los equipos de emergencia trabajan para controlar el perímetro del incendio. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) ha convocado un minuto de silencio en todas las instituciones del país para rendir homenaje a las víctimas y mostrar solidaridad con los damnificados.

El incendio de Los Gallardos ha conmocionado a toda España. El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, se mostró «conmocionado» por las muertes, mientras que desde el Gobierno central se ha ofrecido toda la colaboración necesaria para la extinción y la asistencia a los afectados. Las labores de extinción continúan con 150 efectivos del Infoca apoyados por cinco vehículos autobombas, en una lucha contrarreloj para evitar que las llamas avancen hacia nuevas zonas habitadas.