El mar Mediterráneo experimenta un calentamiento acelerado que duplica o triplica la media global de los océanos, según alerta el biólogo marino y director de la Fundación Marilles, Aniol Esteban. Este fenómeno está provocando una mortandad masiva de especies clave para el ecosistema marino, como corales, gorgonias y praderas de posidonia, y amenaza con alterar de forma irreversible la biodiversidad del mar balear.
Esteban, que también es economista ambiental y ha trabajado durante 15 años en el Reino Unido antes de liderar la fundación centrada en la preservación del mar de las Islas Baleares, señala que el calentamiento de las aguas es la amenaza más importante que sufre el archipiélago. «El calentamiento del agua y la llegada de especies invasoras son más difíciles de controlar desde Baleares», explica, aunque subraya que existen otras presiones que sí pueden gestionarse, como la pesca profesional y recreativa, la contaminación por plásticos y aguas residuales, la presión del sector náutico y el crecimiento demográfico.
El experto detalla que el aumento de la temperatura del agua provoca el desplazamiento de poblaciones de peces hacia zonas más profundas o frías, lo que altera los ecosistemas y facilita la llegada de especies invasoras. En los últimos 10 o 15 años, se han registrado mortalidades masivas de comunidades enteras de gorgonias y corales en Menorca e Ibiza. «Una gorgonia o un coral crea estructura y hábitats donde encontramos especies de alto valor comercial como el pez de San Pedro, el mero, la langosta o la corvina de roca. Si perdemos los corales, perdemos también estas especies», advierte.
Además de los corales y gorgonias, el calentamiento afecta gravemente a las praderas de posidonia oceánica, una planta marina endémica del Mediterráneo que actúa como pulmón del mar y refugio de numerosas especies. Esteban señala que el aumento de la temperatura puede facilitar la llegada de parásitos y especies invasoras, y que la combinación de agua caliente con un exceso de nutrientes —como nitrógeno o fósforo— favorece el crecimiento de microalgas que cubren los fondos marinos, reducen la transparencia del agua y transforman radicalmente el ecosistema.
Otras especies especialmente vulnerables son los tiburones y las rayas, cuyas poblaciones han disminuido drásticamente debido a la presión pesquera. «El Mediterráneo es el mar más peligroso para los tiburones. Un tiburón que entra en el Mediterráneo tiene menos posibilidades de vivir que en el Pacífico, el Atlántico o el Índico», afirma Esteban. Según el biólogo, las poblaciones de algunas especies, como el tiburón martillo, el tiburón zorro o el marrajo, se han reducido entre un 90 % y un 99 % respecto a sus niveles históricos. Estas especies tienen un crecimiento muy lento, maduran sexualmente tarde y tienen pocas crías, lo que las hace extremadamente vulnerables a la sobrepesca.
Pese al panorama, Esteban insiste en que no todo está perdido y destaca la labor de la Fundación Marilles para preservar el mar balear. La organización trabaja en proyectos de conservación, educación ambiental y diseño de políticas que buscan reconciliar la actividad económica con la protección del medio marino. «El Mediterráneo se calienta entre dos y tres veces más rápido que el resto de los mares, pero esto no quiere decir que no podamos hacer nada», concluye.
El experto también menciona otras amenazas controlables, como la presión demográfica en las islas, que tarde o temprano se traduce en un impacto sobre el medio litoral, costero y marino. La combinación de todos estos factores convierte al mar balear en un punto crítico para la biodiversidad mediterránea, donde la acción coordinada de administraciones, científicos y sociedad civil resulta esencial para frenar la pérdida de especies y hábitats.
