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Fuente de la imagen: Wikimedia Commons / Mrrrk.smith, CC BY-SA 4.0.

Sociedad

El titular sobre Diia y 1C/BAS cuenta solo la mitad de la historia

5 min

La conversación es llamativa porque enfrenta el símbolo digital de Ucrania con software heredado. La vacante real pertenece al equipo financiero: revela un problema de back office, no el código de la app.

Hay titulares que funcionan porque reúnen dos cosas que parecen incompatibles. Diia es sinónimo de Estado digital en Ucrania; 1C y BAS representan una generación anterior de software empresarial ligada hoy a restricciones y sanciones. Cuando una vacante de Diia menciona esas herramientas, la historia parece escrita para hacerse viral.

La vacante existe. El 25 de junio, el equipo financiero y económico de Diia buscó un economista y pidió un alto nivel de manejo de 1C, BAS o programas similares. La parte que suele perderse en la conversación es el tipo de puesto. No era para desarrollar la aplicación móvil, sino para trabajar con cálculos y procesos financieros.

Ese detalle cambia el significado. Diia contrata por otras vías especialistas de mobile, DevOps, análisis de sistemas, API y seguridad. Por tanto, la oferta financiera no demuestra que la app o el portal funcionen sobre 1C. Demuestra que el conocimiento de ese ecosistema sigue siendo relevante en el back office financiero.

Y no es un caso aislado. La unidad militar A5118 publicó en marzo una oferta de contable con 1C, 1C Accounting y BAS en la lista de competencias. La unidad A4640 también pidió experiencia con 1C/BAS para un responsable de contabilidad. Un centro territorial de reclutamiento de Kyiv citaba 1C como conocimiento útil para otro puesto contable.

Las ofertas de trabajo son una ventana curiosa a la cultura tecnológica de una organización. A veces cuentan más que una nota de prensa porque muestran qué herramientas se espera que una persona conozca el primer día. Pero también tienen límites: no indican si el software sigue siendo el sistema principal, si solo contiene archivos históricos o si se necesita precisamente para abandonarlo.

La discusión ucraniana tiene además una dimensión legal. El SSSCIP explica oficialmente que 1C y BAS aparecen en la lista de software prohibido por la situación sancionada del titular de derechos 1C LLC. La autoridad insiste en que la lista es un mecanismo jurídico de sanciones, no una evaluación técnica que certifique una vulnerabilidad concreta en todas las versiones.

Para determinados sistemas del Estado, esa diferencia no elimina la obligación. El software listado no puede utilizarse en entornos que procesan recursos informativos estatales, información oficial, secretos de Estado o infraestructura crítica. Tampoco basta con decir que una instalación está fuera de internet. Un componente prohibido puede afectar a la autorización de seguridad y debe ser sustituido.

El 17 de julio, la lista pasó de 1.079 a 1.341 posiciones. La conversación deja así de ser únicamente sobre 1C y BAS. Se trata de una política más amplia sobre quién controla las herramientas que forman parte del Estado digital y de la infraestructura crítica.

Pero cambiar de software empresarial cuesta. Un ERP guarda años de memoria: facturas, salarios, proveedores, existencias, impuestos, permisos y conexiones con otras aplicaciones. Migrar significa reconstruir ese mundo sin perder datos ni detener pagos. Por eso la transición puede durar mucho más que el anuncio político.

El 28 de julio apareció una respuesta práctica. IT Ukraine y la GIZ alemana lanzaron otra convocatoria de vales para pequeñas empresas que quieran reemplazar 1C/BAS por ERP modernos. Es una política que reconoce que la independencia tecnológica necesita financiación, no solo mensajes.

El material original añadía otro nombre potente: Fire Point. MAIR revisó su perfil y las vacantes públicas indexadas, pero no encontró una confirmación independiente de uso de 1C/BAS. La empresa es un actor real de la defense tech ucraniana; la afirmación específica sobre su back office sigue sin verificar.

La conversación más interesante, por tanto, no es una burla a Diia. Es una pregunta sobre cómo cambian de verdad las instituciones. Un país puede transformar la relación entre ciudadanos y Estado en pocos años, pero tardar mucho más en reemplazar el software que lleva décadas organizando las tareas internas. La modernidad digital también tiene sótanos, y ahora Ucrania está renovándolos.

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