La comunidad científica coincide en que la crisis climática está agravando el comportamiento de los incendios forestales en España y en que el calentamiento global de origen humano ha multiplicado al menos por 20 la probabilidad de que se den las condiciones propicias para el fuego en el centro del país. Meteorólogos, ingenieros forestales, ecólogos y divulgadores consultados insisten en que el cambio climático no es la única causa, pero sí uno de los ingredientes decisivos de lo que describen como un «cóctel incendiario».
Los grandes incendios que han arrasado zonas de Madrid y Ávila, junto a los fuegos declarados en las últimas semanas en otros puntos de España, han reabierto el debate sobre el peso real del calentamiento global. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha atribuido los siniestros principalmente a la falta de limpieza del monte y ha rechazado la propuesta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de alcanzar un acuerdo nacional frente a la emergencia climática. Sánchez, por el contrario, ha vinculado los incendios con el contexto de calentamiento global. La campaña deja alrededor de 150.000 hectáreas calcinadas solo entre Madrid y Ávila y mantiene activos otros grandes fuegos, como el de Castellón.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) concluye que el calentamiento global de origen humano favorece unas condiciones meteorológicas cada vez más propicias para los incendios forestales. Los expertos recuerdan que la gestión del territorio, los usos del suelo y las igniciones siguen siendo factores determinantes. El aumento de las olas de calor, las sequías y el descenso de la humedad de la vegetación incrementa el riesgo de fuegos más rápidos, intensos y difíciles de controlar, pero no sustituye al resto de causas.
Cristina Santín, científica e investigadora del IMIB (CSIC-Universidad de Oviedo-Principado de Asturias), sostiene que los incendios son un fenómeno complejo que necesita la confluencia de varias causas. «Las condiciones meteorológicas que antes se daban una vez cada 500 años ahora pueden repetirse aproximadamente cada quince», explica. «Quien diga que la crisis climática no tiene nada que ver está negando lo que tiene enfrente de sus ojos», añade. La investigadora recuerda además que la atmósfera es más inestable, lo que favorece la formación de pirocúmulos, nubes generadas por grandes incendios forestales que añaden un factor más de riesgo.
Santín resume el fenómeno con el llamado triángulo del fuego: el combustible, las condiciones meteorológicas para prenderlo y las fuentes de ignición. Este último factor incluye desde accidentes agrícolas, como el de la cosechadora que originó el incendio de Orés, en Zaragoza, hasta los rayos provocados por tormentas secas. En cuanto a las precipitaciones, aunque la cantidad de lluvia que cae cada año en España apenas ha variado durante el último siglo, tienden a concentrarse en periodos más cortos, alternados con sequías más prolongadas, lo que favorece el secado de la vegetación y la acumulación de combustible forestal.
Este año ilustra bien esa tendencia: tras el inicio de año más lluvioso desde 1979, España encadena uno de los cuatrimestres de primavera y verano más secos desde que existen registros. La crisis climática de origen humano ha incrementado desde los años ochenta las condiciones meteorológicas que favorecen los incendios en el suroeste de Europa. Las olas de calor son ahora más frecuentes, intensas, duraderas y extensas, según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), y España figura entre los países más afectados.
Francia atraviesa también una situación crítica tras el megaincendio del suroeste del país, que ya ha arrasado más de 42.000 hectáreas. La combinación de calor extremo, ausencia de precipitaciones y baja humedad acelera el secado de la vegetación, que actúa como un auténtico combustible vegetal y facilita la ignición. El cambio climático y la gestión forestal, o el abandono del monte, no son factores excluyentes, sino que se potencian mutuamente; el calor extremo es, de hecho, un elemento determinante, subrayan las fuentes científicas.
Antes de estos incendios, los fuegos de Los Gallardos (Almería), en los que murieron 14 personas, Zaragoza o La Mierla (Guadalajara) ya anticipaban una temporada que se sitúa entre las peores de la última década. El año pasado quedó registrado como uno de los más devastadores del siglo, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS). Un análisis de la red científica World Weather Attribution, elaborado a partir de datos de EFFIS, concluye que el cambio climático provocado por el ser humano ha multiplicado, como mínimo, por 20 la probabilidad de que se den las condiciones propicias para los incendios en el centro de España.
