La cuenta atrás para la llegada de la Fórmula 1 a Madrid avanza entre obras, polvareda y una creciente división vecinal. A apenas dos meses de que el Gran Premio de España se celebre en el circuito Madring, en los alrededores de Ifema, las asociaciones de residentes de barrios como Las Cárcavas, Valdebebas y Villa-Rosa expresan su malestar por lo que consideran una imposición que beneficia a unos pocos a costa de la calidad de vida de muchos. Mientras el presidente de Ifema, José Vicente de los Mozos, califica el evento de «sueño», los vecinos hablan de pesadilla.
«Organizan Madrid en contra de los ciudadanos», denuncia Constantino, portavoz de la Plataforma Stop F1 Madrid y vecino de Las Cárcavas, una zona residencial en la que colindan los distritos de Hortaleza y Barajas. A su juicio, la rentabilidad social del proyecto es «muy negativa» y se pregunta: «¿Qué precio tiene un barrio?». La plataforma, que se define como apolítica, ha visto cómo en las últimas semanas más vecinos se acercan a ella para manifestar su oposición, aunque algunos aún evitan posicionarse públicamente por miedo a que se interprete como un gesto político contra el Partido Popular, que gobierna tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento.
Las obras del circuito avanzan a contrarreloj. Grúas de 40 metros ocupan aceras y carriles, y una nube de polvo constante, que los residentes llaman «tormenta de arena», invade las viviendas más próximas. Inmaculada, otra vecina, explica que el polvo llega hasta su patio y que llevan meses lidiando con él. Constantino añade que las placas solares de algunas casas están permanentemente cubiertas de esa capa de suciedad. «Es lo que tiene estar en primera línea de playa», ironiza.
El ruido es otra de las grandes preocupaciones. La zona ya sufrió las molestias del festival Mad Cool, que se celebraba en el entorno de Ifema hasta su traslado a Villaverde. «Era atronador, no te dejaba dormir. Ahora veremos qué pasa», comienza una trabajadora de un negocio local, que prefiere no dar su nombre. Aunque en un primer momento se muestra neutral, al recordar el festival su postura se endurece. Jesús, otro residente, critica la contradicción de que «no se pueda circular con un coche sin etiqueta y que a la vez vayan a pasar por aquí 20 monoplazas ultracontaminantes».
Los promotores del evento insisten en que el impacto será positivo. De los Mozos aseguró durante un desayuno informativo el pasado 13 de julio que ya hay un «sold out técnico» de las entradas y que los ingresos por patrocinios cubrirán toda la infraestructura del circuito. Sin embargo, los vecinos recuerdan que Ifema, una institución público-privada, ha aportado al menos 137 millones de euros, y que el 62% del presupuesto del consorcio procede del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. A eso se suman gastos directos en patrocinios, eventos y actuaciones urbanas, como el desvío de la vía pecuaria Vereda de los Leñeros, que requerirá un nuevo puente para preservar un entorno protegido por su valor ecológico e histórico. «Los circuitos a coste cero no existen», sentencia Jesús.
El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por José Luis Martínez-Almeida, planea además suspender los niveles máximos de decibelios previstos por la Ley del Ruido para facilitar la celebración del Gran Premio. Ifema ha contratado a una empresa para auditar las vibraciones, el ruido y la contaminación, pero los vecinos desconfían de que los resultados sean independientes. «Ayuso y Almeida dicen que no van a gastar un euro de dinero público, pero Ifema la financian mayoritariamente ellos mismos. Y luego lo de la Vereda no lo consideran como una actuación por la Fórmula 1, se hace únicamente por eso», añade Jesús.
En los barrios afectados conviven posturas muy diversas. Mientras algunos negocios muestran indiferencia, otros temen que las molestias ahuyenten a la clientela. En Valdebebas, una zona en plena expansión inmobiliaria, el proyecto genera expectativas de revalorización, pero también incertidumbre. En Villa-Rosa, un barrio más tradicional, la relación con Ifema ya era tensa antes de la Fórmula 1. Constantino resume el sentir de muchos: «Al final a la gente le molestan cosas como no poder circular con su coche sin etiqueta y que a la vez vayan a pasar por aquí 20 monoplazas ultracontaminantes».
La fecha límite para tener el circuito listo es septiembre, y el ritmo de las obras es frenético. Sin embargo, las cuentas pendientes con los vecinos parecen estar lejos de resolverse. La Plataforma Stop F1 Madrid asegura que seguirá movilizándose y que cada vez más personas se suman a sus protestas. «Ya no tengo que buscar a esos vecinos, ahora ellos me buscan a mí», concluye Constantino. Mientras tanto, el sueño de la Fórmula 1 en Madrid avanza, pero deja tras de sí un rastro de polvo, ruido y división.
