La infanta Sofía ha estrenado este miércoles su primer discurso público en Zaragoza, donde defendió la labor de los docentes y subrayó que «nadie elige enseñar por dinero o por reconocimiento». La hija menor de los Reyes pronunció estas palabras durante la ceremonia de entrega de la I edición de las ayudas Docentes Referentes de la Fundación Ibercaja, celebrada en el Monasterio de Cogullada.
En su intervención, la infanta Sofía, que ejerce como presidenta de honor de esta iniciativa, afirmó que los docentes merecen «respeto, recursos y todo el reconocimiento» ante la «gran responsabilidad» que supone ejercer «una de las mejores profesiones del mundo». La joven de 17 años destacó que la enseñanza tiene una relevancia que va «más allá de lo estratégico y que entra en lo esencial».
Durante el acto, la infanta recordó las palabras del profesor Carlos López Otín sobre el «arte de educar», que «va más allá de la tarea de enseñar: respeto, curiosidad y compromiso». También señaló que hablar de educación y del sistema educativo «es demasiado amplio», y que en cada centro escolar hay un docente «a menudo agotado que, pese a las dificultades, sigue tratando de llegar a nuestro corazón y a nuestra cabeza, uno a uno, alumno a alumno».
La infanta Sofía explicó que en cada clase, ya sea en colegios públicos, concertados o privados, hay un docente que defiende «el tiempo sagrado del aprendizaje» donde, con calma, ayuda a los alumnos a comprender el mundo y a «desarrollar un criterio propio sobre la realidad». En su discurso, también se refirió a la importancia de esos momentos que nunca se olvidan: «Un día en el que, cuando aún seguimos teniendo capacidad de asombro, una profesora, un profesor, nos dice algo que se queda aquí dentro, enganchado para siempre».
El acto contó con la presencia de los Reyes Felipe VI y Letizia, así como de la princesa Leonor, quienes acompañaron a la infanta Sofía. También asistieron la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, y el presidente de Aragón, Jorge Azcón. Durante la ceremonia, se reconoció a cinco profesionales de la educación en distintas categorías: Cristian Ruiz Reinales (Liderazgo Educativo), Belén María Mesas Sánchez (Sostenibilidad en Educación), Clement Córdoba Vila (Educación Inclusiva), Mercedes Carpintero Gómez (Investigación Educativa y Transferencia del Conocimiento) y Diego Olivar Aldudo (Educación Integral para la Salud).
Previamente, por la mañana, la infanta Sofía participó en varios talleres con profesores y conoció de primera mano algunos de los proyectos impulsados por los docentes finalistas de la iniciativa. Asistió al taller de educación integral para la salud, impartido por el médico psiquiatra Javier García, director del Máster de Mindfulness de la Universidad de Zaragoza. Posteriormente, acompañada por sorpresa por la princesa Leonor, se trasladó a la Sala 3D, donde ambas asistieron al taller de sostenibilidad «El impacto de lo invisible en las aulas», dirigido por la doctora en Ciencias Económicas y Empresariales, psicóloga y maestra, Sonia Díez.
La agenda oficial de Zarzuela marcaba como hito el acto de la tarde, pero no se había anunciado que ambas participarían en los talleres previos ni que los Reyes acompañarían a su hija menor en esta ceremonia. Las dos hermanas compartieron también tiempo con el presidente de la Asociación Educación Abierta, Carlos Magro, y con el artista y educador especializado en creatividad, Siro López.
El acto en el que la infanta Sofía pronunció su primer discurso oficial supuso además el punto de partida de la Comunidad Docentes Referentes, una red nacional que nace con la vocación de mantener vivo el intercambio de conocimiento, impulsar proyectos colaborativos durante el curso 2026-2027 y seguir fortaleciendo la innovación educativa más allá de esta primera edición.
El presidente de la Fundación Ibercaja, Amado Franco, abrió el acto destacando la presidencia de la infanta y la presencia de los Reyes y sus hijas en esta ceremonia que distingue a los maestros «con mayúsculas». Asimismo, valoró la importancia que otorga la Corona a la educación como «la herramienta más poderosa para transformar la vida de las personas». Franco señaló que las necesidades y la tecnología cambian, pero hay algo inalterable: la necesidad de «que alguien nos acompañe en el descubrimiento del mundo y de nosotros mismos». «Todo eso no lo enseñan las máquinas y lo hacen las personas», afirmó, y defendió el papel de la educación para que la sociedad sea «más innovadora, abierta y difícil de manipular», «más justa, libre y próspera».
