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Sociedad

La muerte de «Nine Lives» reabre la pelea online por los gatos y la fauna nativa

Por Daniela Delgado · 4 min

Un gato asilvestrado acusado de matar decenas de pāteke fue abatido en Nueva Zelanda. La reacción pública volvió a dividir a quienes priorizan al individuo y a la especie.

La historia de «Nine Lives» tenía todos los ingredientes para circular por redes: un gato atigrado con nombre propio, tres años de fugas, cámaras nocturnas, trampas fallidas y un final con salmón, pollo frito y conejo como cebo. Pero detrás de la anécdota viral había una pérdida real: el animal está acusado de matar decenas de pāteke, uno de los patos más raros de Nueva Zelanda.

El gato vivía en la península de Purerua, en Northland. Allí, Pest Free Purerua intentaba reintroducir al pāteke, también conocido como brown teal. En 2023 liberó 20 aves criadas para volver al medio natural. Una semana después apareció la primera muerta. Las cámaras detectaron un gran gato gris atigrado con marcas específicas y el equipo le atribuyó otras 15 muertes.

Comenzó entonces una persecución que duró años. Se instalaron más cámaras y trampas, se capturaron otros gatos y se siguieron nuevas rutas. «Nine Lives» no se comportaba como esperaban los tramperos. Podía aparecer al anochecer, en plena madrugada o de día, y luego desaparecer durante dos o tres meses. Esa combinación de presencia y ausencia alimentó el apodo.

En 2024, el proyecto lanzó una segunda tanda de 20 pāteke. El mismo gato reapareció y se le atribuyeron otras 15 muertes. The Guardian estima que el total alcanzó decenas de aves, cerca del 1% de toda la población. El porcentaje es aproximado, pero la escala es coherente con la enorme vulnerabilidad de la especie.

El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda estimaba entre 2.000 y 2.500 pāteke salvajes en 2022. Es un pato endémico y el ave acuática más rara de la parte continental del país. Aunque su situación ha mejorado gracias a programas de recuperación, la especie sigue expuesta a depredadores introducidos y a la pérdida de hábitat.

El final llegó el 30 de julio de 2026. Después de años de comportamiento imprevisible, el gato visitó una cantera tres noches seguidas. Los tramperos colocaron comida y jaulas. Una cámara avisó de que había un animal dentro. El equipo confirmó que era «Nine Lives» y lo abatió de manera considerada humanitaria.

La conversación pública se partió de inmediato. Algunas personas reaccionaron con horror ante la muerte de un gato que, en una foto aislada, podía parecer perfectamente adoptable. Otras celebraron el resultado como una victoria para la biodiversidad. Las dos reacciones muestran por qué la política sobre gatos genera tanta fricción: la imagen cultural del gato como compañero convive con su papel ecológico como depredador cuando vive asilvestrado.

El gobierno de Nueva Zelanda ya había entrado en esa conversación. En noviembre de 2025 añadió a los gatos asilvestrados a Predator Free 2050. Los gatos domésticos están expresamente fuera del objetivo. Más del 90% de las casi 3.400 aportaciones a la consulta respaldaron una mejor gestión de los gatos ferales.

El cuerpo de «Nine Lives» será, según el plan, estudiado y disecado para educación comunitaria. Eso garantiza que su imagen seguirá en circulación. Purerua podría reintroducir nuevos pāteke, y entonces la conversación cambiará otra vez: de cómo murió un gato a si una especie amenazada consigue por fin sobrevivir donde se la intenta recuperar.

Daniela Delgado

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Reportera

Daniela Delgado cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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