La Policía Nacional ha puesto bajo investigación el centro de desintoxicación Zeus, ubicado en Tarragona y dirigido por Luis Pérez, después de que varios expacientes denunciaran un patrón sistemático de maltrato psicológico, castigos humillantes y coacciones económicas. Los testimonios, a los que ha tenido acceso este periódico, describen una dinámica de terapia grupal en la que los terapeutas insultaban a los pacientes y los incitaban a humillarse entre ellos, con el objetivo de mermar su autoestima y generar una sensación de aislamiento.
Iván Izard, que ingresó en el centro en agosto pasado, relata que al mes de estar allí decidió no participar en la terapia grupal hasta poder hablar con su mujer, con quien no había tenido contacto desde su ingreso. Según su testimonio, cuatro personas que se presentaron como pacientes rehabilitados entraron en la sala y comenzaron a amenazarlo: «Que tenía que entrar al grupo, que habían hablado a mi mujer y ella decía que no quería saber nada de mí, que sabían dónde vivía ella y la iban a proteger…», «que era un yonqui de mierda, que mi hijo iba a acabar siendo un adicto como yo».
David Alonso, que estuvo ingresado de abril a agosto de 2023, recuerda que desde el segundo o tercer día de terapia recibía insultos como «yonqui» o «tu familia no te va a abrir la puerta». «Te anulaban como persona», afirma. Alonso asegura que esta dinámica de maltrato le llevó a pensar en quitarse la vida. Los terapeutas, según los relatos, no solo participaban en los insultos, sino que animaban al resto de pacientes a sumarse.
Los castigos, denominados «pautas» dentro del centro, incluían caminar con piedras en los pies, lanzarse a la piscina con ropa en invierno, la llamada «pauta del silencio» —que podía prolongarse durante semanas sin poder hablar con nadie— y pasar la noche fuera del centro, durmiendo en coches abandonados. Alonso añade que estos castigos podían aplicarse por faltas leves, como encontrar una mota de polvo en la habitación.
Uno de los expacientes, que prefiere mantener el anonimato bajo las iniciales L.P.P., asegura conocer casos en los que el personal obligaba a los pacientes a vestirse de forma «ridícula» durante salidas grupales al cine, como con «pijama de color rosa y collar de perlas» o con la ropa del revés. Sergi De Mingo, extrabajador de Zeus, afirma que los malos tratos respondían a órdenes explícitas del director, Luis Pérez. Según De Mingo, Pérez daba instrucciones como «hoy revienta a este, para que saque el bicho», «hay que desmontarlos» o «derrumbarlos». También indica que se les ordenaba sobremedicar a los pacientes recién ingresados para que «estuvieran con la baba colgando».
Muchos pacientes llegaban a Zeus atraídos por la historia personal de Luis Pérez, quien se presenta como exadicto recuperado y terapeuta especialista en adicciones. Pérez cuenta con más de 159.000 seguidores en TikTok y más de 37.000 suscriptores en su canal de YouTube, donde difunde su mensaje. En la página web del centro se destacan dos premios: el Galardón internacional como Centro de Referencia Europeo en el Tratamiento de las Adicciones, otorgado por los European Awards of Medicine, y el Galardón al Centro Referente Nacional en Tratamiento y Recuperación de Adicciones en España, de los Premios Bienestar y Calidad de Vida de La Razón. Sin embargo, estos reconocimientos carecen del respaldo de sociedades médicas o instituciones de investigación.
El coste del tratamiento en Zeus es elevado: un mes de ingreso en habitación compartida cuesta desde unos 4.800 euros, y la habitación más cara supera los 11.000 euros. Varios expacientes denuncian que, mientras ellos sufrían los castigos, el centro se comunicaba con sus familiares para ofrecerles préstamos que permitieran prolongar la estancia, argumentando que el paciente no lograba «renunciar» a la droga.
La investigación policial, que se ha prolongado durante meses, busca esclarecer si estas prácticas constituyen delitos de maltrato, coacciones o estafa. Los testimonios recogidos apuntan a un patrón de abuso sistemático que habría afectado a decenas de personas. El centro, mientras tanto, continúa operando y publicitándose en medios de comunicación, lo que ha generado alarma entre asociaciones de pacientes y expertos en adicciones, que reclaman una mayor regulación de este tipo de centros privados.
