Las grandes compañías petroleras del mundo obtuvieron beneficios conjuntos de 73.000 millones de euros en el primer trimestre de 2025, impulsadas por el encarecimiento del crudo derivado de los conflictos en Oriente Medio, incluida la guerra en Irán. Al mismo tiempo, un nuevo análisis del Centro para la Transición Climática de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres (LSE) revela que estas empresas planean aumentar su producción de petróleo y gas en un 14% de media entre 2024 y 2030, justo cuando el planeta registra temperaturas récord y olas de calor sin precedentes.
El estudio de atribución más reciente concluye que «la ola de calor más intensa y extensa que jamás haya afectado a una región tan amplia de Europa» no habría podido producirse sin el cambio climático provocado por la actividad humana. Sin embargo, las grandes petroleras, entre las que se encuentran Shell, ExxonMobil, Chevron y BP, compiten por extraer cada vez más crudo del subsuelo, lo que contradice directamente los compromisos que muchas de ellas adquirieron con el Acuerdo de París sobre el clima.
Para limitar el calentamiento global a entre 1,5 y 2 grados centígrados de aquí a 2100, la producción de petróleo debería disminuir durante esta década. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha sido tajante: para cumplir el objetivo del Acuerdo de París, no debe ponerse en marcha ningún nuevo proyecto de exploración o desarrollo de petróleo y gas con una vida útil a largo plazo. No obstante, la expansión prevista por las petroleras es mucho peor que el ya pesimista escenario de continuidad elaborado por la AIE, que prevé un aumento del 5,9% en la producción durante esta década, lo que conduciría a un catastrófico incremento de 2,9 grados en la temperatura media global a finales de siglo.
Los incentivos perversos que mantienen esta dinámica persisten mientras los generosos subsidios gubernamentales que reciben las compañías no sean sustituidos por impuestos extraordinarios sobre sus beneficios. Los directivos de estas empresas operan en un universo donde la brújula ética apunta a maximizar el valor para los accionistas en lugar de preservar la habitabilidad del planeta, según los expertos. Para mantener esta situación, los inversores y quienes respaldan a la industria desde determinados medios de comunicación han logrado reorientar el debate mundial sobre el clima.
Hace apenas seis años, la industria petrolera estaba a la defensiva. Greta Thunberg y millones de jóvenes del movimiento por el clima se manifestaban en las calles de todo el mundo contra los combustibles fósiles. Los responsables de la OPEP llegaron a advertir que aquellas protestas constituían «la mayor amenaza» a la que la industria se había enfrentado jamás, porque los propios ejecutivos del sector eran cuestionados por sus hijos dentro de sus hogares. Numerosos gobiernos fijaron objetivos de descarbonización para alcanzar las emisiones netas cero, y las instituciones financieras se comprometieron con metas cada vez más ambiciosas en materia de gobernanza ambiental.
Algunas compañías petroleras, principalmente europeas, trataron de alinearse con el Acuerdo de París. BP fue entonces una de las más ambiciosas: prometió reducir su producción de petróleo y gas en un 40% y multiplicar por diez su inversión en energías renovables. Su entonces director ejecutivo, Bernard Looney, aseguró que BP se convertiría en «una fuerza para el bien, además de un proveedor de rentabilidades competitivas». Aquellas promesas, formuladas en términos grandilocuentes y con plazos lejanos, nunca fueron suficientes para ajustarse plenamente al objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 grados, ya que dependían de soluciones aún no demostradas a gran escala, como la captura y el almacenamiento de carbono.
Sin embargo, sirvieron para apaciguar a la opinión pública hasta que las protestas juveniles perdieron fuerza. Ahora, las grandes petroleras han rebajado sus compromisos climáticos y han vuelto a centrarse en la expansión de la producción. El resultado es que, mientras el mundo se sofoca bajo domos de calor que cubren gran parte del hemisferio norte, se baten récords de temperatura día tras día, los niños mueren encerrados en coches, los hospitales se llenan de pacientes con golpes de calor y los servicios de emergencia luchan contra incendios forestales, las compañías petroleras siguen obteniendo enormes beneficios a costa de agravar la crisis climática.
