Los grandes incendios forestales que estos días azotan la Comunidad de Madrid y otras regiones de España no solo arrasan miles de hectáreas de vegetación, sino que también generan un grave riesgo sanitario que puede prolongarse durante semanas. La inhalación de humo, las quemaduras, el agravamiento de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, así como el impacto psicológico derivado de las evacuaciones o la pérdida de viviendas, constituyen algunas de las principales amenazas para la población, según advierten la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y el Consejo General de Enfermería.

La primera y más extendida amenaza es el humo. Aunque las llamas se encuentren a kilómetros de distancia, las partículas microscópicas, conocidas como PM2,5, y otros contaminantes pueden recorrer decenas de kilómetros y penetrar profundamente en los pulmones. El humo de los incendios contiene partículas finas, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles. Estas sustancias son capaces de provocar irritación ocular, tos persistente, dolor de garganta, dificultad respiratoria y cefalea. En personas vulnerables, pueden desencadenar crisis asmáticas, descompensaciones de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), infartos o ictus.

Los expertos recuerdan que los colectivos con mayor riesgo son los niños, las embarazadas, las personas mayores, los pacientes con enfermedades respiratorias o cardiovasculares y quienes trabajan al aire libre. En estos grupos, una exposición relativamente corta puede ser suficiente para agravar patologías preexistentes y obligar a acudir a los servicios de urgencias. Por ello, ante una nube de humo, la recomendación principal es permanecer en espacios cerrados con puertas y ventanas completamente selladas. Si el domicilio dispone de aire acondicionado, debe activarse en modo recirculación para evitar la entrada de aire exterior contaminado.

Las autoridades sanitarias también aconsejan evitar cualquier actividad física intensa al aire libre, ya que durante el ejercicio aumenta el volumen de aire inhalado y, con ello, la cantidad de partículas que llegan al pulmón. Cuando resulte imprescindible salir al exterior, los especialistas recomiendan utilizar mascarillas FFP2 correctamente ajustadas al rostro, ya que son las únicas que filtran de forma eficaz una parte importante de las partículas finas del humo. Las mascarillas quirúrgicas o de tela ofrecen una protección muy limitada frente a este tipo de contaminación.

Otro de los peligros inmediatos son las quemaduras. Los profesionales sanitarios insisten en que nunca deben aplicarse pasta de dientes, mantequilla, aceites, hielo directo ni otros remedios caseros sobre una quemadura. La actuación correcta consiste en enfriar la zona afectada con agua corriente durante unos veinte minutos, retirar cuidadosamente anillos o pulseras antes de que aparezca inflamación, cubrir la lesión con un apósito limpio y acudir a un centro sanitario si la quemadura es extensa, profunda, afecta a la cara, manos, pies o genitales, o presenta ampollas importantes.

La inhalación de humo requiere una atención especialmente urgente. Una persona que haya estado expuesta a un incendio y presente dificultad para respirar, tos intensa, ronquera, quemaduras alrededor de la boca o la nariz, esputos oscuros, confusión, somnolencia o pérdida de conciencia debe ser atendida de forma inmediata. Estos síntomas pueden indicar una lesión de las vías respiratorias o una intoxicación por monóxido de carbono, una situación potencialmente mortal que no siempre produce manifestaciones inmediatas.

Los efectos del humo no terminan cuando desaparecen las llamas. Las cenizas contienen partículas irritantes y otros contaminantes que pueden volver a ponerse en suspensión durante las tareas de limpieza. Por ello, el Ministerio de Sanidad recomienda humedecer previamente las superficies antes de barrer, utilizar mascarilla FFP2 y guantes, evitar que los niños jueguen entre las cenizas y lavarse cuidadosamente las manos tras cualquier contacto con los restos del incendio.

Más allá de los daños físicos, los incendios también dejan una profunda huella psicológica. La evacuación del domicilio, la incertidumbre sobre el futuro, la pérdida de bienes materiales o el miedo a nuevos focos pueden desencadenar ansiedad, insomnio, irritabilidad e incluso síntomas compatibles con un trastorno por estrés postraumático. Los psicólogos aconsejan mantener rutinas diarias, limitar la exposición continuada a imágenes del incendio en medios de comunicación y redes sociales, hablar de lo ocurrido con familiares o amigos y buscar ayuda profesional si el malestar persiste durante semanas o interfiere con la vida cotidiana.

Las autoridades recuerdan además que, durante un incendio activo, la prioridad absoluta es proteger la vida. Nunca debe intentarse atravesar zonas afectadas por el humo o las llamas, ni permanecer en áreas donde las autoridades hayan ordenado la evacuación. Ante cualquier columna de humo o fuego, la recomendación es avisar inmediatamente al teléfono de emergencias 112, seguir las instrucciones de Protección Civil y evitar desplazamientos innecesarios hacia las zonas afectadas para no dificultar el trabajo de los equipos de emergencia.

La situación que vive actualmente la Comunidad de Madrid, con varios incendios forestales de gran magnitud y miles de personas evacuadas, pone de manifiesto que el impacto sanitario de estos episodios va mucho más allá de las llamas. Los expertos recuerdan que proteger los pulmones, prevenir las quemaduras y cuidar también la salud mental son medidas tan importantes como extinguir el fuego.