Con la llegada del verano, la sensación de quedarse trabajando mientras otros ya disfrutan de sus primeros días de descanso se convierte en una fuente de ansiedad para muchos profesionales. La psicóloga y coach de desarrollo personal Teresa Herrero advierte que esta situación, conocida popularmente como FOMO (miedo a perderse algo), no solo afecta el estado de ánimo sino que también reduce la productividad laboral.

Según Herrero, el problema surge cuando las personas interpretan que los demás están viviendo experiencias más valiosas o satisfactorias que las suyas propias. «Al ver imágenes de playas, cenas espectaculares o viajes exóticos en redes sociales, es fácil sentir que nos estamos perdiendo algo importante», señala la experta. Esta comparación, lanzada desde la oficina o desde la rutina diaria, genera frustración, tristeza e incluso una sensación de insuficiencia.

«Cuando estamos constantemente pendientes de lo que hacen los demás, dejamos de estar presentes en nuestra propia vida», subraya Herrero. La consecuencia más inmediata es una merma en la concentración y un aumento de las distracciones, lo que se traduce en menor rendimiento laboral y una insatisfacción continua.

La coach recomienda que, antes de caer en la comparación, cada persona se pregunte si realmente está construyendo una vida que le haga feliz. «La satisfacción no suele venir de tener exactamente lo mismo que otros, sino de sentir que estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para construir una vida que tenga sentido para nosotros», afirma.

Además, Herrero advierte contra la presión de tener unas vacaciones perfectas. «Vivimos en una cultura que nos empuja a optimizarlo todo, incluso el descanso. Parece que las vacaciones tienen que ser inolvidables, transformadoras y dignas de ser compartidas», dice. Esta mentalidad convierte el descanso en un proyecto de rendimiento, lo que paradójicamente genera más frustración.

Para evitar el desgaste, la psicóloga propone practicar la gratitud. «Recordemos que estamos comparando nuestro día a día con los mejores momentos de otras personas. Dedicar unos minutos al día a identificar aquello que sí estamos disfrutando ayuda a contrarrestar el sesgo de fijarnos solo en lo que nos falta», explica. Escribir un diario de gratitud puede ser una herramienta eficaz.

Otro consejo clave es aprender a decir «no» durante las vacaciones. Herrero señala que el verano suele venir cargado de planes, quedadas y compromisos, y que saber establecer límites es esencial para un descanso real. «A veces el mejor plan es no tener plan», concluye.

En un contexto donde el teletrabajo y la hiperconexión digital difuminan las fronteras entre la vida laboral y personal, gestionar el FOMO estival se ha convertido en una habilidad necesaria para preservar la salud mental. La experta insiste en que la clave no está en evitar que otros disfruten, sino en reconectar con las propias necesidades y prioridades.