El veterano presentador de televisión Ramón García, de 64 años, ha generado un amplio respaldo en redes sociales tras manifestar su malestar por la situación de muchos jóvenes titulados universitarios que se ven obligados a trabajar en empleos precarios, especialmente en el sector de la hostelería. Durante una conversación en el programa «En Compañía», de Castilla-La Mancha Media, García lanzó una reflexión que ha calado hondo en la opinión pública: «Estoy harto de que ingenieros o médicos me sirvan copas».
La declaración se produjo mientras el presentador charlaba con Blas, un invitado que desde los ocho años recogía azafrán en una familia de agricultores. A raíz de esa historia, García puso sobre la mesa el desequilibrio entre el sistema universitario español y las oportunidades reales del mercado laboral. Según explicó, no todo el mundo debe ser ingeniero, abogado o periodista, y reivindicó la importancia de los oficios técnicos y la Formación Profesional (FP), que a menudo son menospreciados socialmente pese a su alta demanda.
El presentador recordó que en numerosas ocasiones, al ser atendido en un bar, el camarero le ha confesado tener un título universitario. «¿Y qué hace ahí ese pobre poniendo copas?», se preguntó, lamentando que muchos jóvenes, tras completar una formación exigente, se vean abocados a trabajos temporales y mal remunerados por la falta de oportunidades en sus campos de estudio. Sus palabras han sido compartidas masivamente en redes sociales, donde cientos de usuarios han expresado su identificación con la denuncia.
El debate sobre la Formación Profesional ha cobrado fuerza en España en los últimos años. Frente a la percepción tradicional de que la universidad es la única vía hacia el éxito profesional, la FP se ha consolidado como una opción eficiente contra el desempleo juvenil. Según datos del Ministerio de Educación, los titulados en FP de grado medio y superior presentan tasas de inserción laboral superiores al 70% en muchos sectores, como sanidad, informática, logística, electricidad o mantenimiento industrial, mientras que algunas carreras universitarias arrastran una empleabilidad incierta.
La modernización de los currículos de FP, la incorporación de nuevas tecnologías y las prácticas obligatorias en entornos reales de trabajo han convertido esta modalidad en una alternativa atractiva y versátil. Además, los titulados de grado superior pueden acceder posteriormente a estudios universitarios, lo que desmonta la idea de que la FP cierra puertas. En comunidades autónomas como Madrid, Cataluña o el País Vasco, la demanda de plazas de FP ha crecido notablemente en los últimos cursos, superando en algunos casos a la de ciertos grados universitarios con escasa proyección laboral.
Ramón García, con su intervención, quiso lanzar un mensaje a los jóvenes que aún están decidiendo su futuro: hay que dignificar la FP y apostar por un modelo educativo plural que valore todos los talentos. «El país necesita también electricistas, enfermeros, programadores, técnicos en climatización, mecánicos y muchos otros perfiles que sostienen el funcionamiento diario de nuestra sociedad», subrayó. Su crítica apunta al modelo social que durante décadas ha colocado a la universidad como único camino hacia el éxito, relegando otras opciones formativas que, en la práctica, resultan más útiles.
El presentador vasco, conocido por haber presentado las campanadas de Nochevieja durante años, sigue manteniendo una carrera cercana y comprometida desde el plató de «En Compañía», un formato que da protagonismo a historias cotidianas de la región. Su reflexión ha sido aplaudida por medio país, según titulares de medios digitales, y ha reabierto el debate sobre la necesidad de equilibrar la oferta educativa con las demandas del mercado laboral.
En un contexto donde el absentismo laboral y la precariedad juvenil son problemas persistentes —el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, cifró recientemente el coste del absentismo en 30.000 millones de euros anuales—, las palabras de García resuenan como una llamada de atención sobre la urgencia de reformar el sistema formativo. La FP, con su enfoque práctico y su alta empleabilidad, se perfila como una herramienta clave para reducir el desajuste entre la formación y el empleo.
