Una obra inédita de Leonora Carrington, pintada durante los meses que la artista británica pasó internada en un sanatorio psiquiátrico de Santander en 1940, saldrá a la luz por primera vez. El lienzo, titulado «Villa Pilar», será una de las piezas centrales de la exposición «Leonora Carrington: el surrealismo sintomático», que formará parte del programa de otoño de Faro Santander, el nuevo proyecto cultural del Banco Santander en su ciudad de origen.

La obra, de tonos verdes y ocres, muestra una composición de animales fantásticos con elementos antropomorfos, característica del estilo surrealista de la autora. Carrington regaló el cuadro al doctor Luis Morales, director del sanatorio Peña Castillo, antes de abandonar España rumbo a Nueva York y, más tarde, a México, donde se nacionalizaría y residiría hasta su muerte en 2011. La exposición también incluirá «Memorias de abajo», otro lienzo de la misma época que representa a varios internos y personajes de aquel traumático episodio.

Para comprender el contexto de aquel internamiento, es necesario remontarse a los meses anteriores. La Segunda Guerra Mundial había estallado y las tropas nazis avanzaban sobre Francia. La pareja de Carrington, el también artista surrealista Max Ernst, fue detenido por la Gestapo e internado en un campo de concentración por ser considerado un enemigo de Alemania y un artista degenerado. La artista, sumida en una profunda tristeza por la pérdida de su amante, decidió emprender un viaje para intentar liberarlo.

Junto a su amiga Catherine Yarrow y el novio de esta, el húngaro Michel Lukas, Carrington cruzó los Pirineos en coche hasta llegar a Andorra, para luego pasar a Barcelona y finalmente a Madrid. En la capital española, pidió ayuda a su padre, un acaudalado hombre de negocios textil, para rescatar a Ernst. Sin embargo, su familia, que no sabía nada de ella desde que se fugara a París con apenas 20 años, la localizó en Madrid.

En Madrid, Carrington sufrió varias crisis nerviosas. En su libro catártico «Memorias de abajo», relata episodios de verdadera violencia: asegura haber sido violada por un grupo de hombres, haber vagado desnuda por el parque de El Retiro y haber sido llevada por la policía a su hotel, donde se daba largas duchas de agua fría. También afirma que se manifestaba frente a la Embajada de Alemania, convencida de que había llegado a Madrid para liberar a Ernst. Su padre, al conocer estos episodios, instó al cónsul británico en Madrid a poner a su hija bajo cuidado médico.

«Se dieron cuenta enseguida de que estaba loca, así que me encerraron en una habitación del Ritz y me suministraban bromuro a litros», explicó la propia artista en una entrevista de los años 90. Tras ser ingresada en una clínica regentada por monjas, que se declararon «incapaces de dominarme», fue trasladada por carretera hasta el sanatorio de Peña Castillo en Santander, dirigido por el doctor Luis Morales.

En «Memorias de abajo», Carrington describe con crudeza su estancia en el sanatorio. «En Covadonga (así se llamaba uno de los edificios del sanatorio) me arrancaron las ropas brutalmente, me ataron con correas, desnuda, a la cama. Don Luis (Morales) entró en mi habitación a mirarme. Yo lloraba copiosamente, y le pregunté por qué me tenían prisionera y me trataban tan mal. Se marchó sin contestarme», escribió. La artista relata que permaneció atada y desnuda durante varios días y noches, sobre sus propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos. «Creí que eran los espíritus de todos los españoles aplastados, que me echaban en cara mi internamiento, mi falta de inteligencia y mi sumisión», añadió.

Durante su encierro en Santander, que duraría varios meses, Carrington fue sometida a tratamientos con cardiazol, un potente fármaco desarrollado en los años 30 para tratar la esquizofrenia. A pesar de las duras condiciones, la artista logró escapar del sanatorio y continuar su viaje hacia Nueva York y, finalmente, México, donde desarrollaría gran parte de su carrera artística y se convertiría en una figura clave del surrealismo.

La exposición «Leonora Carrington: el surrealismo sintomático» no solo mostrará la obra inédita, sino que también abordará un momento trascendental en la vida de la artista. La muestra busca contextualizar aquellos días en Santander dentro del marco de la Segunda Guerra Mundial y la persecución nazi a los movimientos artísticos considerados degenerados. Carrington siempre defendió que el surrealismo no era un movimiento político, sino que fueron los nazis quienes comenzaron a perseguirlos. «Mi trasiego por España, Portugal, EEUU y después México es consecuencia de ello. No es que fueran expresamente por mí, pero sí contra el grupo al que pertenecía. Éramos fundamentalmente antifascistas, gente que sentíamos un profundo asco al ver que Pétain ponía Francia en manos de Hitler», afirmó en una entrevista.

La aparición de «Villa Pilar» representa una oportunidad única para conocer una faceta poco explorada de la producción artística de Carrington, realizada en un momento de extrema vulnerabilidad personal y en un contexto histórico convulso. La obra, que permaneció en manos del doctor Morales durante décadas, se exhibirá por primera vez al público, ofreciendo una ventana a la capacidad creativa de la artista incluso en las circunstancias más adversas.

Autor

Corresponsal político

Carlos Benítez cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.