Una investigación de la Universitat Pompeu Fabra ha analizado casi 600 comentarios publicados en cuentas de Instagram dedicadas a la maternidad, conocidas como «instamamis», y concluye que la lactancia materna exclusiva sigue funcionando como un indicador de lo que significa ser una «buena madre». El estudio, titulado «La Lactancia como Eje de la “Buena Maternidad”: Discursos y Tensiones en los Comentarios de Instamamis Españolas», revela que las madres que no amamantan o recurren a la lactancia artificial son etiquetadas en muchos comentarios como «flojas» o «egoístas», lo que genera sentimientos de culpa y frustración entre las mujeres.
Las autoras del estudio, Mittzy Arciniega Cáceres y Silvia Escobar Fuentes, señalan que la lactancia materna ha adquirido un matiz que va más allá de lo médico. En el marco del concepto de «maternidad intensiva» de la socióloga Sharon Hays, la lactancia se convierte en un marcador privilegiado de compromiso materno y en la «prueba máxima de amor». Este modelo cultural exige a las madres una dedicación total al bienestar de los hijos, invirtiendo tiempo, energía, conocimiento y recursos económicos.
El análisis se centró en cinco cuentas españolas gestionadas por profesionales de la salud o la psicología: @ohmama.matrona, @yaizallinas.enf, @sleepbunny.club, @lactapp_lactancia y @mamarylactar. Estas cuentas combinan el relato personal con el asesoramiento experto, y sus publicaciones sobre lactancia generan una audiencia activa que «reproduce, negocia y a veces resiste» los mandatos de estas cuentas, según las investigadoras. Instagram no actúa únicamente como un escaparate, sino como un espacio ambivalente: por un lado, permite visibilizar experiencias tradicionalmente ausentes de los relatos idealizados de la maternidad, como el agotamiento o las dificultades para conciliar; por otro, también actúa como un mecanismo de vigilancia y disciplinamiento, donde las prácticas de crianza son observadas, evaluadas y juzgadas por otras personas.
Los comentarios analizados reflejan una fuerte promoción de la lactancia materna, mientras que la lactancia mixta solo se menciona en algunos casos y la lactancia artificial no se reconoce como una opción legítima. De hecho, dar fórmula al bebé en vez de leche materna solo se contempla como una alternativa forzada cuando existen problemas de salud que lo impidan. Las madres que recurren a esta opción son tildadas en comentarios de «flojas» o «egoístas». Un comentario recogido en el estudio dice: «Entiendo a las que no pueden amamantar por otra razón que no sea por flojas y egoístas».
Este ecosistema digital refuerza los sentimientos de frustración y culpa que describen muchas madres que no pueden dar el pecho o eligen no hacerlo. «Lo pasé tan mal y me sentí tan culpable con la lactancia de mi primera hija (por miedo a ser peor madre si no la daba exclusiva) que al final lo hice, sufriendo muchísimo», relata uno de los comentarios. Otro añade: «Cuánta culpa y dolor mueve este tema, tanto a las que no se nos valora el trabajo como a las que no lo hacen de esta forma».
Las investigadoras destacan que las plataformas digitales, y de manera destacada Instagram, se han convertido en espacios centrales para la difusión y resignificación de los discursos sobre maternidad. La forma en que entendemos qué significa ser madre ya no se construye solo desde la cultura popular o los medios de comunicación; en los últimos años las redes sociales han adquirido un papel fundamental. «Instagram y las redes sociales en general pueden amplificar las presiones sociales, dado que los algoritmos tienden a dar más visibilidad a determinados contenidos», señalan las autoras.
El estudio subraya que la lactancia materna, más allá de sus beneficios reconocidos para la salud del bebé —como la protección del sistema inmunológico, una nutrición adecuada o el fortalecimiento del vínculo afectivo—, se ha convertido en un indicador de éxito maternal y sacrificio. Las investigadoras advierten que esta presión social puede tener consecuencias negativas para la salud mental de las madres, especialmente aquellas que no pueden o no desean amamantar de manera exclusiva.
En definitiva, la investigación de la Universitat Pompeu Fabra pone de manifiesto cómo Instagram, a través de las cuentas de instamamis, contribuye a perpetuar un ideal de maternidad que asocia la lactancia materna exclusiva con la «buena madre», mientras que quienes se desvían de esta norma son objeto de juicio y crítica. Este fenómeno no solo afecta a las madres que no amamantan, sino que también genera un clima de presión y culpa que puede ser perjudicial para la experiencia de la maternidad en su conjunto.
