Los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon el norte de Venezuela el pasado 24 de junio han causado más de 3.500 muertos y casi 17.000 heridos, según el balance oficial más reciente. Sin embargo, los expertos en salud pública advierten que el verdadero peligro a medio y largo plazo no son solo las lesiones inmediatas, sino el riesgo de brotes epidémicos de enfermedades como dengue, zika, sarampión o cólera, debido al colapso del sistema sanitario y la destrucción de las infraestructuras básicas.

El vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), Pello Latasa, explica que tras un desastre de esta magnitud hay que diferenciar dos fases. La primera es la atención inmediata a los heridos con traumatismos, fracturas, quemaduras o lesiones pulmonares por inhalación de polvo y gases. La segunda, más preocupante, es la de los impactos a medio y largo plazo, que dependen de la rapidez con que se recuperen los servicios esenciales y de las condiciones en que se gestiona la emergencia.

«El sistema sanitario venezolano ya era precario antes de los terremotos, y ahora está roto», señala Latasa. El especialista advierte que el hacinamiento de las personas que han perdido sus hogares y se instalan en asentamientos provisionales sin condiciones adecuadas de higiene y saneamiento aumenta el riesgo de enfermedades transmisibles y brotes epidémicos. «Si las heridas abiertas no se limpian adecuadamente, pueden infectarse y favorecer la aparición de riesgos infecciosos», añade.

El médico Luis Roberto Jiménez Guadarrama, miembro del Grupo de Trabajo de Incidentes de Múltiples Víctimas y Desastres (IMVDES) de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), coincide en que los brotes epidémicos están vinculados al déficit de saneamiento, la falta de acceso a agua potable y el hacinamiento de los supervivientes. «El mayor riesgo sanitario es la aparición de infecciones respiratorias, brotes de enfermedades para las que la población no está bien vacunada, como el sarampión, o problemas gastrointestinales por falta de agua potable y sistemas de saneamiento», explica.

Jiménez Guadarrama añade que existe un temor real a que surjan brotes de enfermedades transmitidas por vectores como los mosquitos, entre ellas el virus del zika, el dengue o el chikungunya, así como la leptospirosis, transmitida por ratas. También advierte de que la interrupción de los tratamientos para pacientes crónicos, como los que padecen tuberculosis, podría agravar la situación sanitaria.

El epidemiólogo Juan José Badiola, catedrático emérito de Sanidad Animal de la Universidad de Zaragoza, subraya que el riesgo de propagación de brotes de enfermedades transmisibles es superior al habitual debido a la destrucción total o parcial de los servicios de salud y la interrupción de las redes de agua potable y saneamiento. «El contacto de aguas contaminadas con agua potable podría ser un vehículo de transmisión de patógenos como el cólera, la fiebre tifoidea, la hepatitis A, los rotavirus o los norovirus», señala. Además, advierte de que enfermedades endémicas como el dengue, el chikungunya, el zika o la malaria podrían exacerbarse y producir brotes epidémicos.

Los expertos coinciden en que los problemas relacionados con la salud medioambiental, como la falta de acceso a agua potable y alimentos seguros, son prioritarios. «Si se rompen las cadenas de suministros, podemos tener problemas muy importantes», afirma Latasa. La acumulación de aguas estancadas por los daños estructurales también favorece la proliferación de mosquitos y roedores, lo que incrementa el riesgo de enfermedades transmitidas por vectores.

Otro aspecto crítico es la interrupción de los servicios de atención sanitaria para pacientes crónicos y embarazadas. Latasa advierte de que los pacientes con enfermedades crónicas pueden ver interrumpidos sus tratamientos debido a la afectación de las infraestructuras sanitarias, lo que aumentaría la mortalidad. Asimismo, las complicaciones obstétricas y neonatales podrían incrementarse por la suspensión de los servicios de atención al parto.

El médico Jiménez Guadarrama insiste en que el problema no es solo el desastre natural, sino la vulnerabilidad previa del sistema sanitario venezolano. «Nuestra esperanza de vida ha mejorado en los últimos 100 años no por las medicinas y las operaciones, sino por la vacunación, el saneamiento y el alcantarillado. Todo eso ahora va a empezar a fallar», lamenta. La rotura de los programas de vacunación y de prevención de enfermedades agrava aún más el panorama, ya que muchas enfermedades que estaban controladas podrían reaparecer con fuerza.

Las autoridades venezolanas y las organizaciones internacionales se enfrentan al desafío de restablecer los servicios básicos y evitar una crisis sanitaria de grandes proporciones. Mientras tanto, los epidemiólogos insisten en la necesidad de priorizar el acceso a agua potable, la gestión de residuos y la vacunación de la población desplazada para contener la amenaza de brotes que podrían multiplicar el sufrimiento causado por los terremotos.

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Reportera

Daniela Delgado cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.