El director español Albert Serra, reconocido por su cine experimental y radical, ha asumido un nuevo rol como productor de proyectos ajenos, apostando por autores con una visión propia y alejados de las fórmulas comerciales. A través de su productora Andergraun, junto a su socia Montse Triola, Serra ha respaldado en el último año películas como «Misericordia», del francés Alain Guiraudie, y «Magallanes», un biopic sobre el conquistador dirigido por el filipino Lav Díaz y protagonizado por Gael García Bernal. Ahora, el cineasta prepara la producción del próximo trabajo del austriaco Ulrich Seidl, consolidando una línea de colaboración que recuerda a la solidaridad entre directores de la Nouvelle Vague.
En una entrevista reciente, Serra explicó que su labor como productor no responde a un afán de protagonismo, sino a una «cuestión ética»: ayudar a otros realizadores que comparten una búsqueda artística similar. «Lo que tú quieres que le hagan a uno, tienes que hacerlo a los otros», afirmó. El cineasta subrayó que no produce a directores noveles sin experiencia, sino a figuras con una filmografía consolidada, aunque a veces irregular. «Si alguien ha hecho una o varias películas muy buenas, puede hacer otra», señaló, destacando que su interés se centra en la originalidad del proyecto y en la capacidad del director para mantener el control creativo.
Serra también se refirió a las herramientas de financiación que han facilitado estas coproducciones internacionales. Mencionó el papel del ICEX, el ICAA y los incentivos fiscales en España, que permiten que cada país contribuya con recursos a proyectos que antes requerían una lucha constante. «Ahora realmente se puede hacer», dijo, en contraste con el pasado, cuando había que «sufrir y luchar contra molinos de viento». Para Serra, estas ayudas públicas son clave para impulsar un cine que trascienda las fronteras nacionales, una idea que siempre ha defendido: el concepto de cine nacional tiene cada vez menos sentido, y el lenguaje cinematográfico atraviesa cualquier lengua o identidad.
El director insistió en que la colaboración entre países y la diversidad de idiomas no son un obstáculo, sino una oportunidad. «Hoy en día se puede rodar en inglés, en francés, en cualquier idioma, porque no es tan importante el idioma. Lo que va a penetrar, si tiene suficiente energía e inteligencia, es la obra», explicó. Para Serra, lo fundamental es la actitud del autor y la facilidad que se le pueda ofrecer desde la producción, sin imponer condiciones. «A mí nunca me ha sugerido nadie cambiar una coma de mis películas, aunque sí me han sugerido que sean más cortas. Es una constante que escucho cada día», bromeó.
Respecto a «Magallanes», la película de Lav Díaz que se estrena comercialmente en España por primera vez para el director filipino, Serra comentó que solo pidió que no durara nueve horas, aunque reconoció que podrían haber sido ocho horas y media. Díaz es conocido por sus largometrajes de larga duración, como el que ganó el León de Oro en Venecia, de más de tres horas. Serra se mostró sorprendido de que esa obra ganadora no se hubiera estrenado antes en España, pero atribuyó la falta de distribución a su formato en blanco y negro y a su temática específica filipina.
La apuesta de Serra por la producción de otros directores refleja una tendencia que él mismo admira en figuras como Pedro Almodóvar o los cineastas de la Nouvelle Vague, que se apoyaban mutuamente. «No hay tanto una voluntad industrial como una cosa de ayudar a personas concretas», afirmó. Con proyectos en marcha como el de Ulrich Seidl, Serra demuestra que su compromiso con el cine de autor va más allá de su propia obra, buscando fortalecer una red de creadores que desafían las convenciones y los algoritmos del mercado.
