La histórica actuación de Lionel Messi en la fase de grupos del Mundial, con seis goles a sus 39 años, ha encendido la ilusión de los argentinos, que sueñan con la cuarta estrella. En Buenos Aires, la fiebre por la Albiceleste se ha apoderado de cada rincón de la ciudad, desde la Avenida Corrientes hasta los monumentos, todos engalanados con mensajes de apoyo y la imagen del capitán. «Vamos a salir campeones otra vez», se escucha entre los aficionados, que ven en Messi la oportunidad de repetir la gloria de 2022.

El ambiente en Argentina durante el Mundial es único. Los locales, librerías y teatros han decorado sus fachadas con consignas futboleras, y las publicidades en las calles están protagonizadas por jugadores de la selección. Incluso las cadenas de comida rápida han bautizado sus productos con nombres de futbolistas, como la «McAllister» o la «De Paul». Esta pasión no es nueva, pero se intensifica cada cuatro años. «Aquí el Mundial es más que un evento, es una gran pasión», afirma Eduardo, un aficionado que asiste a una de las fan fest habilitadas en Buenos Aires para seguir los partidos.

La organización del torneo ha llevado a las ciudades argentinas a instalar puntos de encuentro para ver los partidos, como el que se prepara para el duelo de octavos de final contra Cabo Verde. Durante los 90 minutos, no es raro ver negocios que cierran, empresas que proyectan el partido en las oficinas, e incluso colegios y universidades que interrumpen sus actividades para que los alumnos sigan el encuentro. «Donde pisa un argentino suele haber mil y se vuelve local donde sea. Si así se demuestra en el exterior, en el interior es mucho más todavía», explica Matías, un joven seguidor que reconoce que «se respira fútbol, se vive por el fútbol y es su alegría».

Las cábalas, o supersticiones, son una tradición profundamente arraigada en la cultura futbolera argentina. Repetir la misma camiseta, no lavar una prenda, ver el partido en el mismo lugar o juntarse con las mismas personas son rituales comunes entre los hinchas. «Yo no tengo muchas, quizás ir con esto», dice Elías mientras muestra la bandera que lleva colgada como una capa. Flor, que pinta a los aficionados con los colores de la selección, cuenta que en el Mundial anterior, cuando se dirigía al Obelisco en autobús durante el segundo tiempo, «siempre metían un gol, así que lo tomo como una pequeña cábala». Su acompañante, Campanita, vestida completamente de azul y blanco, explica que hay quienes no lavan la camiseta que usan durante todo el torneo porque en años pasados les ha funcionado.

El recuerdo de la victoria en Qatar 2022 sigue muy presente. En aquella ocasión, miles de personas paralizaron las calles cuando Montiel convirtió el penalti decisivo contra Francia. «Acá, en el Obelisco, recuerdo que no se podía ni caminar. Me asfixiaba, no podía respirar», relata un aficionado. Aunque al inicio del Mundial algunos medios señalaron que el ambiente era más frío que en diciembre de 2022, los seis goles de Messi han caldeado los ánimos. «Estoy sorprendido porque no esperaba que rindiera a ese nivel. Uno tiene la ilusión de que rinda como se le vio en el primer partido, pero viendo la edad que tiene y el historial sorprendió», admite Matías, quien reconoce que «mucha gente esperaba mucho menos del equipo cuando empezó el Mundial, pero han conseguido ilusionar el corazón de los argentinos».

La figura de Messi, considerado uno de los mejores jugadores de la historia, es venerada como un símbolo patrio, al igual que Maradona. «El último tango», se lee en una valla publicitaria con su rostro, una imagen que se replica en cientos de murales en todo el país. La afición argentina, conocida por su fervor, ha convertido el Mundial en una celebración colectiva que trasciende el deporte. «En Argentina el fútbol es más que un evento, es pasión», insiste Eduardo, mientras la selección avanza en el torneo y la ilusión por la cuarta estrella crece partido a partido.

Autor

Reportera

Daniela Delgado cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.