El sociólogo Lionel Delgado sostiene que cuanto más hastiada está una población, más peso adquieren las culturas manosféricas, esos ecosistemas digitales que promueven discursos reaccionarios y violentos en torno a la masculinidad. En su nuevo ensayo, «Tristes y salvajes. Políticas del deseo más allá de la manosfera», publicado por Ariel, el investigador aborda un aspecto poco explorado de este fenómeno: el placer intrínseco que genera la violencia y la seducción de lo políticamente incorrecto.
Delgado, que lleva años trabajando con hombres jóvenes y adultos en formaciones sobre masculinidades, parte de preguntas incómodas pero necesarias: ¿por qué seducen tanto los discursos de odio? ¿Por qué lo políticamente incorrecto se vive como una liberación? ¿Y por qué deseamos aquello que nos hace daño? El ensayo no se limita a denunciar estos discursos, sino que intenta comprenderlos desde el terreno de los afectos, un enfoque que, según el autor, ha sido ignorado en los debates habituales.
El investigador critica que el análisis de la manosfera y las masculinidades reaccionarias suele caer en un «moralismo simplista» que no tiene en cuenta la complejidad del fenómeno. «Tendemos mucho a moralizarlo, simplificarlo y generar polémica», afirma Delgado. «Es un tema muy complejo y merece una atención en profundidad». En su opinión, reducir la cuestión a la mera defensa de privilegios patriarcales impide entender por qué estos discursos resultan tan atractivos para muchos hombres jóvenes.
Uno de los ejes centrales del libro es la relación entre la construcción de la masculinidad y el contexto neoliberal. Delgado sostiene que el feminismo y los estudios de género han señalado la importancia de la interseccionalidad, pero que al analizar la masculinidad «esos ejes desaparecen». «Terminamos trabajando con los chavales desde un moralismo de género, sin tener en cuenta la perspectiva de clase ni los contextos neoliberales en los que se muestra una imagen de la vida saturada de competitividad, individualismo y mejora personal», explica.
Para el sociólogo, la masculinidad tradicional no se mantiene únicamente por inercia o por el deseo de conservar privilegios, sino que hay un «goce de fondo» que conviene reconocer. «Pensar que somos soldados del patriarcado y que, si no queremos cambiar, es simplemente porque queremos mantenerlo vigente implica una lectura demasiado sencilla», señala. «Resulta más interesante analizar qué tienen de seductor esas masculinidades y por qué es tan difícil contraponerles un modelo que despierte los mismos afectos».
Delgado apunta que, frente a la masculinidad tradicional, los discursos alternativos suelen proponer que los hombres sean «más blandos, más tranquilos, más suaves al hablar y al relacionarse», pero que estas propuestas carecen del atractivo emocional que ofrecen los modelos reaccionarios. «En las interacciones entre chavales hay un factor de diversión que, aunque resulte incómodo decirlo, debemos reconocer: jugar al riesgo, picarse mutuamente, jugar a los golpes o hacer chistes políticamente incorrectos. Hay un disfrute muy fuerte», afirma.
El autor también aborda el vértigo que supone el proceso de transformación de las masculinidades. «Hemos insistido mucho en la necesidad de alejarnos de la normatividad, algo con lo que estoy de acuerdo, pero los afectos no se eliminan, se redirigen», explica. «Hemos repetido que los hombres tienen que cambiar, pero hemos dado muy pocas claves sobre hacia dónde deben hacerlo. Ese vacío de metas genera mucha confusión y mucho vértigo».
Delgado advierte que la «nueva masculinidad» que se propone desde ciertos sectores resulta endeble porque solo implica renuncias y no afirma nada positivo. «Enfrente tienen un modelo neoliberal y competitivo que promete estatus, riqueza, aceptación, deseo, envidia, certeza, tranquilidad y poder. Evidentemente, la ecuación está descompensada», concluye. El ensayo plantea, en definitiva, una autocrítica hacia los discursos que no dejan espacio para la duda, el error o la incomodidad, y reclama una mirada más compleja sobre cómo se construyen los deseos y las identidades masculinas en el siglo XXI.
