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Foto: LEX 18

Sociedad

El «no» de 26 millones que convirtió una granja en debate sobre la IA

Por Daniela Delgado · 4 min

Una madre y su hija se negaron a vender tierra para un centro de datos en Kentucky. La historia ya no va solo de dinero, sino de quién decide cómo cambia una comunidad.

La cifra es perfecta para redes sociales: más de 26 millones de dólares rechazados. Pero la conversación en Mason County, Kentucky, se volvió mucho más interesante después del “no”.

Ida Huddleston, de 82 años, recibió una oferta de 60.000 dólares por acre por 71 acres. Su hija Delsia Bare podía vender 463 acres a 48.000 dólares por acre. El comprador buscaba tierra vinculada a un enorme centro de datos cerca de Maysville. Las dos terminaron quedándose con sus 534 acres.

Antes estuvieron a punto de hacer lo contrario. Según PEOPLE, firmaron un contrato porque tenían miedo de una posible expropiación. La familia había cedido tierra en el pasado para proyectos públicos y no quería encontrarse con una venta forzada en peores condiciones. Un abogado les explicó que el promotor privado no podía obligarlas sin más a vender para el centro de datos. Con esa información, retiraron su consentimiento.

A partir de ahí, la historia pasó de “¿cuánto dinero es suficiente?” a “¿qué se pierde cuando se vende?”. La granja familiar más amplia ronda los 1.200 acres y algunas partes están ligadas a la familia desde hace más de 200 años. Hay ganado, casas, recuerdos y tumbas. Bare dice que generaciones anteriores plantaron trigo durante la Gran Depresión y que su marido fallecido descansa allí.

Huddleston dejó una frase que resume por qué el tema se volvió tan compartido: de un centro de datos no se saca comida. Ella y Bare también hablan del agua y de la electricidad. Son preocupaciones, no resultados ya medidos. El centro todavía no opera, y el uso de agua depende mucho de cómo se diseñe la refrigeración.

La otra conversación la impulsa el gobierno local. Mason County aprobó el 22 de mayo la reclasificación de unas 2.080 acres en 28 propiedades para uso industrial. Eso permite que el proyecto siga adelante aunque las dos mujeres no vendan.

Los partidarios hablan de unos 400 empleos permanentes y más de 1.500 durante la construcción. Las autoridades aseguran que la empresa pagará la infraestructura necesaria. El detalle que alimenta todavía más el debate es que la compañía tecnológica final no se había identificado públicamente en julio.

En respuesta surgió We Are Mason County, que ha presentado acciones legales. Huddleston y Bare se sumaron al movimiento. Su problema ya no es un agente inmobiliario llamando a la puerta, sino un proyecto industrial que puede acabar siendo su vecino.

Y ahí está la dimensión cultural de la historia. La IA se vende como una herramienta casi invisible, pero sus centros de datos son enormes, consumen energía y necesitan territorio. Cada vez que aparece uno, una discusión global sobre tecnología aterriza en una comunidad concreta con carreteras, parcelas y vecinos.

La familia ya dijo qué quiere conservar. El condado ya dijo qué uso permite en miles de acres cercanos. Falta que la empresa decida si construye y que los tribunales resuelvan las impugnaciones. El debate seguirá incluso si nadie vuelve a poner 26 millones sobre la mesa, porque el verdadero tema dejó de ser el precio y pasó a ser quién tiene derecho a imaginar el futuro del lugar.

Daniela Delgado

Autor

Reportera

Daniela Delgado cubre para Comm Party actualidad, política, economía, sociedad y cultura. Su trabajo se centra en la verificación, el contexto y explicaciones claras para los lectores.

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