La ONU reúne a los países para revisar la preparación mundial ante la próxima pandemia
Por Carmen Paredes · 4 min
Los Estados se citan en Nueva York seis años después de la COVID para evaluar qué ha cambiado, qué carencias persisten y cómo responder con mayor rapidez y equidad a una nueva amenaza sanitaria global.
Los países vuelven a examinar este viernes su nivel de preparación ante una futura pandemia en una reunión celebrada en Nueva York en el marco de la Asamblea General de la ONU. El encuentro llega seis años después del estallido de la COVID-19 y busca evaluar qué ha cambiado desde entonces, qué carencias siguen abiertas y cómo responder con mayor rapidez y equidad ante una nueva amenaza sanitaria mundial.
La cita se produce en un contexto de creciente presión para cerrar un tratado global de pandemias. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha urgido a los Estados a culminar ese acuerdo ante la certeza de que una nueva pandemia ocurrirá. Según la OMS, el mundo no puede permitirse repetir los retrasos y las desigualdades que marcaron la respuesta a la COVID-19, cuando el acceso a vacunas, diagnósticos y tratamientos quedó repartido de forma muy desigual entre países ricos y pobres.
La Asamblea de la ONU instará a ratificar el Acuerdo de la OMS sobre pandemias para reforzar la seguridad mundial. El texto, aún pendiente de cierre y ratificación por los Estados miembros, pretende establecer mecanismos más ágiles de alerta temprana, financiación y reparto equitativo de recursos sanitarios. Los países reunidos en Nueva York revisan precisamente los avances y los bloqueos que persisten en ese proceso.
Entre las carencias que siguen abiertas figuran la falta de un sistema de vigilancia epidemiológica verdaderamente global, las brechas en la capacidad de producción local de vacunas y medicamentos en regiones como África o América Latina, y la ausencia de compromisos vinculantes sobre transferencia de tecnología. También se debate cómo garantizar que los sistemas de salud nacionales resistan una presión súbita sin colapsar, una lección que la COVID-19 dejó en evidencia en numerosos países.
La reunión de este viernes no es un ejercicio meramente simbólico. Los Estados deben decidir si avanzan hacia un marco común jurídicamente exigible o si mantienen la cooperación voluntaria que ha predominado hasta ahora. La OMS insiste en que la próxima pandemia no es una hipótesis, sino una cuestión de tiempo, y que la preparación actual sigue siendo insuficiente en aspectos clave como la financiación sostenida, la coordinación entre agencias y la confianza pública en las instituciones sanitarias.
El encuentro se produce además en un momento en que la memoria de la COVID-19 se diluye mientras persisten las desigualdades estructurales que la pandemia agravó. Los países en desarrollo reclaman que cualquier nuevo acuerdo incluya garantías concretas de acceso a tecnologías sanitarias, no solo declaraciones de intención. Los países con mayor capacidad farmacéutica, por su parte, defienden marcos que protejan la innovación y la propiedad intelectual, lo que ha dificultado el consenso.
La revisión de Nueva York servirá para medir la distancia entre los compromisos políticos y las capacidades reales. Seis años después de la COVID-19, la pregunta central sigue siendo la misma: si el mundo está dispuesto a actuar antes de que la próxima emergencia sanitaria vuelva a poner a prueba sus sistemas.
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