El incremento desorbitado del precio de los carburantes, impulsado por la guerra entre Estados Unidos e Irán, ha llevado a casi el 90% de los conductores españoles a modificar sus hábitos al volante para intentar ahorrar en combustible. Así lo refleja una encuesta reciente realizada por Continental y el Club Europeo de Automovilistas (CEA), que señala que la mayoría de los usuarios consultados ha adoptado alguna medida para reducir su gasto, desde una conducción más eficiente hasta la reducción de los mantenimientos de sus vehículos.

La picaresca española se ha convertido en una respuesta directa a un contexto geopolítico que ha volatilizado los precios del combustible en todo el mundo. Jesús Sánchez, un transportista de 62 años que recorre habitualmente la ruta entre Galicia y Suiza, asegura que los precios actuales lo tienen al «borde de la locura». Antes gastaba entre 500 y 600 euros al mes en diésel, pero ahora esa cifra se ha duplicado, especialmente porque reposta también en Francia y Suiza, donde el combustible ha subido aún más. Sánchez explica que no puede repercutir este aumento en los precios de sus servicios de mudanzas y mensajería debido a la competencia de transportistas clandestinos que cobran menos y recurren a métodos como agrandar los depósitos de sus furgonetas para llevar más combustible barato comprado en España y así repostar menos en otros países.

Los transportistas son el colectivo más golpeado por esta situación. Juan, un inmigrante venezolano de 50 años que espera sus papeles para trabajar legalmente, sobrevive realizando pequeñas mudanzas en una vieja furgoneta. Reconoce que ahora tiene que destinar más dinero al combustible y que le queda «menos plata para comer». Para intentar ahorrar, aprovecha los trayectos de mucha pendiente a la baja para conducir sin marchas y liberar el motor, una maniobra totalmente desaconsejada por la Dirección General de Tráfico (DGT).

La encuesta de CEA, que recoge las respuestas de 1.102 conductores de toda España, detalla las principales estrategias adoptadas. Según Nuria Manzano, directora de comunicación de CEA y una de las autoras del estudio, el 48% de los conductores que ha modificado sus hábitos evita los acelerones y los cambios de marcha bruscos, optando por la anticipación para mejorar el rendimiento del vehículo. Un 25% presta más atención al mantenimiento del coche, especialmente a los neumáticos, para no consumir combustible en exceso. Por su parte, un 16% ha reducido drásticamente el uso del coche en favor del transporte público o de caminar.

Uno de los hallazgos que más llamó la atención de los investigadores fue que la mayoría de los encuestados se mostró «muy preocupada» por el medio ambiente, pero ignoraba esta preocupación si cuidarlo implicaba gastar más dinero en su coche. La búsqueda del menor coste es tan agresiva que más del 80% de los conductores cambia de aseguradora anualmente buscando la opción más barata, y un 30% prioriza el presupuesto mínimo a la hora de elegir taller para reparaciones de seguridad.

Sin embargo, los precios de los talleres no siempre están respaldados por la calidad de las reparaciones. Jesús Sánchez lamenta que ya no quedan mecánicos fiables y que algunos cobran hasta 76 euros la hora de trabajo. Relata que pagó más de 700 euros por una reparación del aire acondicionado que resultó ser inútil, y que tuvo que viajar desde Suiza a Coruña sin climatización en plena ola de calor. «Me han tratado como si fuera un perro», denuncia.

Las consecuencias más graves de esta situación pueden estar asociadas a los riesgos de seguridad vial. Muchos conductores apuestan por aplazar o directamente no realizar los mantenimientos que requieren sus vehículos, lo que incrementa el peligro en las carreteras. Gisela Fioretti, mecánica encargada de un taller en el barrio madrileño de Leganés, explica que algunos clientes piensan que los talleres abusan de los precios y se van a otro sitio, pero que al final la falta de mantenimiento adecuado puede provocar accidentes.

En definitiva, la escalada de precios del combustible está transformando los hábitos de conducción en España, con un impacto directo en la economía doméstica y en la seguridad vial. Mientras algunos conductores optan por la conducción eficiente y el uso del transporte público, otros recurren a prácticas más extremas o arriesgadas para intentar mantener a flote su negocio o su día a día.