La historia podría estar a punto de repetirse. España vuelve a situarse a un solo partido de conquistar la Copa del Mundo, y los precedentes invitan a mirar también a los mercados financieros. Cada Mundial deja un rastro en las Bolsas, aunque no siempre en la dirección que muchos esperan. La lógica parece sencilla: millones de personas salen a celebrarlo, aumenta el optimismo, mejora el sentimiento de los consumidores y las empresas disfrutan de una enorme exposición mediática. Sin embargo, los mercados financieros suelen funcionar bajo reglas muy distintas.
Los expertos de XTB señalan que la reacción bursátil de los campeones del mundo durante este siglo ha sido mucho más moderada de lo que podría sugerir la euforia deportiva. Desde 2002, el principal índice del país ganador ha avanzado de media apenas un 0,12% durante la primera sesión posterior a la final. Además, el balance está completamente dividido: tres de los seis campeones registraron subidas y los otros tres cerraron con pérdidas. El mejor comportamiento se produjo tras el Mundial de Qatar de 2022, cuando el índice argentino avanzó un 2,34% después de la victoria de la albiceleste. En sentido contrario, Brasil protagonizó la peor reacción, con una caída del 2,21% tras conquistar el torneo de 2002. Entre ambos extremos existe una diferencia de 4,55 puntos porcentuales, reflejo de que cada Mundial estuvo condicionado por un contexto económico completamente diferente.
En España tampoco se produjo una celebración bursátil. Después de que la selección levantara el Mundial de Sudáfrica en 2010, el Ibex 35 cayó un 0,68% durante la siguiente sesión. Los datos muestran, por tanto, que la victoria puede elevar el ánimo de un país, pero no suele ser suficiente para alterar las expectativas de los inversores. Si ampliamos el horizonte hasta doce meses, el comportamiento medio de las bolsas de los países campeones mejora de forma significativa. Excluyendo el caso de Argentina, cuyo índice se vio fuertemente distorsionado por la elevada inflación y la depreciación del peso, los principales índices registraron una revalorización media del 9,8% durante el año posterior a conquistar el Mundial. Se trata de una rentabilidad positiva, aunque con diferencias muy importantes entre países, lo que vuelve a poner de manifiesto que la evolución bursátil estuvo mucho más condicionada por el contexto económico de cada momento que por el propio éxito deportivo.
El mejor comportamiento correspondió a Alemania. El DAX alemán avanzó un 18,8% durante los doce meses posteriores al Mundial de Brasil 2014. Le siguieron Brasil (+16,5%) e Italia (+15,4%). En el lado contrario, España fue el único país europeo que terminó el año en negativo, con un descenso del 4,5%, lastrada por el agravamiento de la crisis de deuda soberana en la eurozona, aunque si se contabilizan los dividendos también cerraría en ese plazo al alza. En resumen, tres de los cuatro grandes mercados desarrollados terminaron el año siguiente con subidas de doble dígito. España fue la única excepción, lastrada por la crisis de deuda soberana.
Si hay un país que demuestra que el éxito deportivo no siempre se traduce en éxito bursátil, ese es España. La selección levantó el primer Mundial de su historia el 11 de julio de 2010 tras derrotar a Países Bajos en una de las noches más recordadas del deporte español. Sin embargo, mientras millones de personas celebraban el histórico gol de Andrés Iniesta, los mercados comenzaban a mirar hacia un problema mucho más importante: la sostenibilidad de la deuda soberana de varios países europeos. Apenas unas semanas antes, Grecia había necesitado su primer rescate financiero y los inversores empezaban a cuestionar la capacidad de otros países periféricos para financiarse en los mercados. España se encontraba entre ellos. El elevado déficit público, la debilidad del sistema financiero y el estallido de la burbuja inmobiliaria hicieron que la atención de los inversores se desplazara rápidamente desde el éxito deportivo hacia el deterioro de los fundamentales económicos.
Los datos reflejan perfectamente ese cambio de prioridades. Aunque el Ibex consiguió recuperar parte del terreno perdido durante los meses posteriores al Mundial, llegando a avanzar cerca de un 6% en los tres meses siguientes, la situación terminó deteriorándose. Doce meses después de conquistar la Copa del Mundo, el principal índice español acumulaba una caída del 4,5%, siendo el único de los grandes campeones europeos del siglo XXI que cerró el año posterior en negativo. La evolución de la prima de riesgo refuerza todavía más esta idea. El diferencial entre el bono español y el alemán pasó de situarse alrededor de los 206 puntos básicos en la final del Mundial a superar los 280 puntos básicos un año más tarde. Es decir, mientras España seguía celebrando el mayor éxito de su historia deportiva, los inversores exigían una rentabilidad cada vez mayor. En otras palabras, el Mundial cambió la historia del fútbol español, pero no consiguió alterar el rumbo de una economía que pocos meses después entraría de lleno en la crisis de deuda soberana.
Mientras que el Ibex 35 terminó el año posterior al Mundial con una caída del 4,5%, varias de las compañías que patrocinaban a la selección española ofrecieron un comportamiento muy diferente. El éxito deportivo no fue suficiente para impulsar al conjunto del mercado español, pero sí coincidió con un sólido comportamiento de algunas de las principales marcas asociadas a la campeona del mundo. El mejor ejemplo fue Adidas, patrocinador técnico de la selección española. La compañía alemana, que también vistió a otras selecciones campeonas, registró un incremento en sus ingresos y en la percepción de marca durante los meses posteriores al torneo, aunque su evolución bursátil dependió más de factores globales que del resultado deportivo. Este patrón se repite en otros patrocinadores, cuyos títulos se beneficiaron del aumento de visibilidad, pero sin lograr desmarcarse de las tendencias generales del mercado.
