El Gobierno de España y Marruecos han alcanzado un acuerdo este jueves para reforzar la coordinación diplomática y policial con el objetivo de agilizar la devolución de los migrantes que han accedido de forma irregular a la ciudad autónoma de Ceuta. Según ha informado la Agencia EFE, el pacto busca «devolver, a la mayor brevedad, a quienes hayan logrado acceder de forma irregular», en alusión a las entre 1.500 y 2.000 personas que han llegado a Ceuta en apenas diez días.
El Ministerio del Interior, dirigido por Fernando Grande-Marlaska, ha emitido una nota oficial en la que subraya la «colaboración ejemplar» con el reino alauita en materia migratoria. El departamento apunta directamente a las redes de tráfico de personas como responsables de estar «instrumentalizando» una reciente resolución judicial como efecto llamada para lanzar al mar a cientos de migrantes, en su mayoría jóvenes.
Esa queja del Ejecutivo se refiere a una sentencia del Tribunal Supremo que establece una línea roja legal. La Sala de lo Contencioso-Administrativo ha ratificado que la ley de Extranjería no permite aplicar el «rechazo en frontera» —conocido como devolución en caliente— a quienes son interceptados en el mar intentando entrar a nado a Ceuta y Melilla. El alto tribunal argumenta que llegar por vía marítima no implica superar un «elemento de contención fronterizo» físico, como sí lo son las vallas, y descarta que dispositivos como drones o cámaras térmicas cumplan esa función. En consecuencia, la justicia obliga a aplicar a estas personas el procedimiento ordinario de devolución, censurando como una «vía de hecho» ilegal cualquier entrega a Marruecos que se ejecute sin procedimiento, sin resolución o privando al migrante de asistencia letrada y protección internacional.
A pesar de la tensión en el perímetro, la vida cotidiana en Ceuta trataba de mantener la normalidad durante la primera hora de la tarde. Fuentes de la Delegación del Gobierno indicaron a Europa Press que la situación en las calles del centro era de relativa calma. Sin embargo, desde la delegación de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) en Ceuta confirmaron que algunos negocios optaron por bajar la persiana «de forma puntual» ante la incertidumbre, aunque subrayaron que se trató de decisiones estrictamente individuales y preventivas, sin ninguna directriz coordinada.
El contraste se vivía a pie de costa. Durante toda la mañana, el flujo de personas de origen magrebí que accedieron a Ceuta desde Marruecos no cesó, combinando peligrosas travesías a nado con saltos atravesando el espigón. Mientras unos lograban pisar arena española, una multitud expectante aguardaba al otro lado del paso fronterizo, buscando cualquier grieta de seguridad para entrar en la ciudad autónoma. La presión sostenida terminó por fracturar las barreras: un numeroso grupo que había conseguido sortear los controles y acceder a Ceuta flanqueando la frontera logró rebasar a primera hora de la tarde el cordón de seguridad de El Tarajal. Los antidisturbios se habían desplegado en un intento desesperado por contener esta enésima entrada masiva, pero la marea humana superó el dispositivo y comenzó a dispersarse rápidamente hacia el interior de la ciudad.
Durante las horas previas, los agentes habían conseguido encauzar a los recién llegados escoltándolos hacia el ya saturado Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Sin embargo, el embudo logístico y la gran concentración de personas que se agolpaba junto al vallado policial acabó colapsando la línea de defensa, permitiendo que varios grupos rompieran el cerco a la carrera. Ante este desbordamiento, los agentes españoles han tenido que rediseñar su estrategia y multiplicar sus efectivos en el lado ceutí. Equipados con cascos, escudos antidisturbios y respaldados por equipos de control de masas, se han atrincherado a la salida del paso fronterizo con el objetivo de encapsular a quienes logran franquear el perímetro y evitar que alcancen el tejido urbano. A golpe de escudo, tratan de frenar en seco el avance de quienes corren desde la frontera, cortando de raíz su dispersión por distintos puntos de la ciudad. La prioridad es blindar el acceso a barriadas limítrofes como Los Rosales o el Príncipe, donde ya se había documentado la huida de numerosos migrantes.
Esta reordenación operativa responde a la cruda realidad de la jornada: a lo largo de la mañana, las incursiones simultáneas en el entorno del espigón del Tarajal hacia Ceuta dibujaron un escenario límite, evidenciando el desbordamiento del perímetro fronterizo a pesar de los esfuerzos institucionales. La presión no cede mientras las Fuerzas de Seguridad se afanan en contener la crisis a este lado del vallado. El acuerdo con Marruecos y la coordinación policial se presentan como las herramientas clave para gestionar una situación que, según las autoridades, no dará tregua a corto plazo.
