La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha disipado las dudas sobre su futuro al frente de la institución al asegurar que tiene intención de permanecer en el cargo al menos hasta finales de este año y que no se marchará antes de 2027. Durante la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Gobierno, Lagarde empleó una metáfora marinera para justificar su continuidad: «Cuando hay nubes en el horizonte, el capitán permanece en el barco». La máxima responsable de la política monetaria de la eurozona dejó claro que, aunque no quiere comprometerse con una fecha concreta para su salida, su mandato expira en octubre de 2027 y no tiene previsto adelantarla.

Las declaraciones de Lagarde llegan en un momento de especulaciones sobre una posible renuncia anticipada que le permitiera participar activamente en las elecciones presidenciales de Francia, cuya primera vuelta está prevista entre abril y mayo de 2027. La clave de esos rumores radicaba en que una salida temprana habría permitido al presidente francés, Emmanuel Macron, influir en el nombramiento de su sucesor al frente del BCE. Sin embargo, Lagarde fue tajante: «No van a librarse de mí antes de 2027». La banquera francesa añadió que no le gusta que la encasillen en ninguna circunstancia concreta, en un intento de cerrar el debate sobre su futuro político.

En la carrera para suceder a Lagarde, el nombre que suena con más fuerza es el de Pablo Hernández de Cos, actual presidente del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y exgobernador del Banco de España. Junto a él, figuran en las quinielas Klaas Knot, que el año pasado dejó la presidencia del Banco Central de los Países Bajos; Joachim Nagel, presidente del Bundesbank alemán; e Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE. No obstante, el canciller alemán, Friedrich Merz, comentó hace unas semanas que no ve «ninguna necesidad» de acelerar la elección de un sucesor, dado que todavía queda tiempo para que expire el mandato de Lagarde. «Cuando llegue el momento, lo estudiaremos y tomaremos una decisión», afirmó Merz.

El foco de atención del mercado está puesto ahora en los posibles movimientos que acometa el BCE en septiembre, cuando los inversores descuentan que la institución retomará las subidas de los tipos de interés tras la pausa decretada este jueves. El Consejo de Gobierno decidió por unanimidad mantener los tipos en el 2,25%, a pesar de que algunos gobernadores cuestionaron si no deberían considerar un incremento. Lagarde explicó que la institución dispondrá entonces de más datos acerca de la evolución de la inflación y del comportamiento del crecimiento económico, lo que permitirá tomar una decisión más informada.

La decisión de mantener los tipos sin cambios se basa en que las perspectivas para los precios energéticos, aunque volátiles, se mantienen en niveles próximos al escenario de referencia de las proyecciones del BCE correspondientes a marzo. En aquel momento, el emisor elevó cuatro décimas la inflación estimada para este año con respecto al cálculo anterior y la situó en el 3% de media. El alza de precios se moderará tanto el año que viene como el siguiente, ejercicios para los que el BCE prevé que la tasa de IPC se coloque de media en el 2,3% y en el 2%, respectivamente. En este contexto, el Consejo de Gobierno ha optado por esperar y analizar el curso del IPC en las próximas semanas por si fuera necesario reaccionar.

Un factor adicional de incertidumbre es la escalada de tensión en Oriente Próximo, que este jueves llevó al precio del petróleo a superar los 100 dólares por barril por primera vez en dos meses. Lagarde advirtió de que el aumento de los precios energéticos mantendrá la inflación muy por encima del objetivo del BCE al menos hasta el primer semestre de 2027. «La información más reciente apunta a cierta mejora de la actividad económica en el segundo trimestre, aunque el conflicto en Oriente Próximo siguió actuando como un factor adverso», señaló la presidenta del BCE. Aunque el memorando de entendimiento acordado entre Estados Unidos e Irán el pasado junio constituye un intento por resolver el conflicto, los contratiempos de las últimas semanas y la fragilidad de la situación geopolítica continúan generando incertidumbre.

Lagarde confirmó que el BCE no ha tenido en consideración el ataque de los rebeldes hutíes desde Yemen contra un petrolero saudí en el mar Rojo, a pesar de calificarlo de «alarmante» y reconocer que ya tiene impacto en el mercado de materias primas. La banquera francesa ha solicitado al equipo del BCE que analice la cotización del crudo y del gas de cara a la revisión de las proyecciones macroeconómicas de crecimiento e inflación en septiembre. «Vigilamos de cerca la magnitud y la persistencia del aumento de los precios de la energía, así como su impacto en la formación de precios y salarios, en las expectativas de inflación y en la evolución general de la economía», concluyó Lagarde.