La declaración de emergencia de interés nacional por los devastadores incendios forestales en la Sierra Oeste de Madrid y la comarca abulense del Alberche ha puesto a cientos de residentes ante la necesidad de evacuar sus hogares con apenas minutos de antelación. En este contexto, las autoridades de Protección Civil y divulgadores especializados como la cuenta de referencia @El_Batefuegos recuerdan que la preparación previa es el factor que marca la diferencia entre la vida y la muerte. Tener un plan de evacuación familiar claro y una mochila lista desde antes de que el fuego se acerque puede proporcionar unos minutos de oro para ponerse a salvo.
La primera y más importante regla es obedecer sin demora las órdenes de desalojo emitidas por los servicios de emergencia o las fuerzas de seguridad. Ignorar esa instrucción no solo pone en grave riesgo la vida de quienes se quedan, sino que también dificulta la labor de los operativos. Una vez que se ha decidido evacuar, hay que actuar con método pero sin perder tiempo. El elemento central de esa respuesta ordenada es la mochila de emergencia, un macuto ligero de unos veinte litros de capacidad y que no debe superar los ocho o diez kilos de peso. Debe guardarse en un lugar accesible, como el recibidor o la entrada, y contener una serie de elementos imprescindibles.
En el interior de la mochila es necesario incluir, en fundas plásticas para protegerlas de la humedad, copias de la documentación esencial: DNI, tarjeta sanitaria, escrituras de la vivienda y pólizas de seguro. También debe llevar el teléfono móvil con su cargador y una batería externa completamente cargada, ya que mantenerse localizable es una prioridad. Un botiquín básico con la medicación habitual para varios días, una linterna con pilas de repuesto y, fundamentalmente, una radio de pilas que funcionará como único canal informativo si colapsan las redes de telefonía móvil. No deben faltar al menos un litro de agua por persona y alimentos no perecederos para 24 o 48 horas. A esto se añaden elementos de higiene como toallitas húmedas, gel hidroalcohólico y papel higiénico, una muda ligera de ropa limpia, calcetines de repuesto y algo de dinero en efectivo en billetes pequeños por si fallan los datáfonos.
Las mascotas también deben ser evacuadas. Para ellas hay que preparar una copia de su cartilla sanitaria, correa, arnés o bozal, y un transportín adecuado para animales pequeños. Además, se debe incluir una ración de su comida habitual y agua suficiente para dos días. Como señalan los expertos de @El_Batefuegos, la anticipación evita la parálisis que provoca el pánico cuando el humo ya asoma en el horizonte.
Si el incendio se aproxima a la propiedad pero aún no se ha ordenado la salida, es posible blindar la vivienda para minimizar los daños y facilitar el trabajo de los bomberos. Hay que cerrar herméticamente todas las puertas y ventanas para impedir la entrada de pavesas encendidas. Desconectar los aparatos eléctricos y cerrar las llaves de paso del gas y del gasóleo. Una medida que a menudo se olvida y que resulta vital es dejar abiertas las puertas de acceso a jardines o fincas para que los vehículos de extinción puedan entrar. Los coches que no se utilicen en la huida deben aparcarse sin obstaculizar caminos ni vías de paso. Es necesario retirar del exterior cualquier objeto inflamable, como muebles de jardín, sombrillas o plásticos, y humedecer las paredes y la vegetación circundante. Si la vivienda linda con el monte y se dispone de riego automático, conviene dejarlo activado.
En el momento del desalojo, hay que iniciar la marcha con calma pero con determinación, ayudando a quienes lo necesiten. Se deben seguir estrictamente las rutas de evacuación marcadas por los agentes, sin intentar atajos por pistas forestales secundarias que podrían estar bloqueadas por las llamas. Al volante, hay que encender las luces de cruce, cerrar todas las ventanillas y activar la recirculación del aire para evitar respirar humo tóxico. Se debe conducir a velocidad reducida, respetar los cortes de tráfico y no detenerse en la carretera bajo ningún concepto. Si se queda aislado, las zonas de refugio de emergencia son las áreas ya quemadas o «zonas negras», los campos labrados, las playas, las piscinas bien regadas, los campos de golf o las plazas céntricas de núcleos urbanos despejados.
La preparación anticipada no solo aumenta las probabilidades de salir ileso, sino que también reduce la carga sobre los servicios de emergencia, permitiéndoles centrarse en la extinción y en las personas que realmente necesitan ayuda. En un contexto en el que los incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos debido al cambio climático, contar con un plan de evacuación familiar y tener la mochila lista se ha convertido en una medida de sentido común que todos los hogares en zonas de riesgo deberían adoptar.
