Este domingo, España vuelve a soñar con levantar una Copa del Mundo. Dieciséis años después del histórico gol de Andrés Iniesta en Johannesburgo, La Roja disputará una nueva final con la ilusión de volver a hacer historia. Pero si hay algo que ha cambiado tanto como el fútbol en este tiempo es el universo del corazón. Basta con echar la vista atrás para comprobar que el panorama social de 2010 poco o nada tiene que ver con el de hoy. Reyes que ya no reinan, matrimonios que parecían eternos y acabaron rompiéndose, programas de televisión desaparecidos y personajes que entonces eran completos desconocidos. Así ha dado un vuelco la crónica social desde la última vez que España tocó el cielo.

Cuando Iniesta marcó el gol más importante de la historia del fútbol español, Juan Carlos I seguía ocupando el trono y era el jefe del Estado. Nadie imaginaba entonces que apenas cuatro años después anunciaría su abdicación y cedería la Corona a Felipe VI, inaugurando una nueva etapa para la monarquía española. Desde entonces, Zarzuela ha vivido una profunda transformación marcada por la renovación institucional, el relevo generacional y el progresivo alejamiento del Rey emérito. Las investigaciones sobre sus finanzas, las polémicas por las presuntas comisiones y las regularizaciones fiscales deterioraron gravemente su imagen pública, hasta el punto de abandonar España en 2020 para fijar su residencia en Abu Dabi. Aunque las investigaciones de la Fiscalía fueron archivadas por distintos motivos jurídicos, su figura ha quedado completamente desligada de la actividad oficial de la Casa Real y hoy vive alejado de la institución que durante casi cuatro décadas encabezó.

En 2010, Isabel Preysler vivía una etapa de estabilidad junto a Miguel Boyer, con quien llevaba más de dos décadas de relación y compartía una vida discreta alejada de las grandes polémicas. Nadie podía prever que el ex ministro fallecería en 2014 tras sufrir un ictus, un duro golpe para la reina de corazones. Años después, Isabel volvería a acaparar titulares con su mediática relación con el premio Nobel Mario Vargas Llosa, una historia de amor que se prolongó durante casi ocho años y que también acabaría llegando a su fin. Mientras tanto, su hija Tamara Falcó ha pasado de ser una joven habitual de las revistas del corazón a convertirse en una de las figuras más populares de la prensa social. Tras una relación llena de idas y venidas, en 2023 se casó con Íñigo Onieva en una de las bodas más mediáticas de los últimos años, consolidándose como una de las parejas más seguidas del panorama nacional. Por su parte, la pequeña de la familia, Ana Boyer, también ha dado un giro radical a su vida: en 2017 contrajo matrimonio con el ex tenista Fernando Verdasco en una ceremonia íntima celebrada en la isla caribeña de Mustique y, desde entonces, la pareja ha formado una numerosa familia con el nacimiento de sus cuatro hijos.

En 2010, Iñaki Urdangarin todavía aparecía con normalidad en los actos oficiales junto a la infanta Cristina y formaba parte de la imagen institucional de la Familia Real. Sin embargo, ese mismo año comenzaría a gestarse una de las mayores crisis de la monarquía española. A mediados de 2010 estalló judicialmente el caso Nóos, cuando el juez José Castro abrió una pieza separada del caso Palma Arena para investigar el presunto desvío de 5,8 millones de euros de fondos públicos a través del Instituto Nóos, presidido por Urdangarin. Aquel proceso terminó con su condena por varios delitos relacionados con corrupción, su ingreso en prisión en 2018 y su salida definitiva de la vida institucional de Zarzuela. El escándalo también acabó afectando a su vida personal. En 2022 salieron a la luz unas fotografías paseando de la mano con Ainhoa Armentia, que confirmaban el fin de su matrimonio con la infanta Cristina tras más de 25 años juntos. La pareja oficializó su separación ese mismo año y firmó el divorcio en 2024. Hoy, Iñaki Urdangarin ha rehecho su vida junto a Ainhoa Armentia, completamente alejado del papel que un día ocupó dentro de la Familia Real.

Hubo una época en la que la actualidad del corazón pasaba obligatoriamente por el plató de «Sálvame». En 2010, el programa presentado por Jorge Javier Vázquez vivía sus años dorados y se había convertido en un auténtico fenómeno televisivo. Cada tarde reunía a millones de espectadores pendientes de exclusivas, enfrentamientos y las últimas noticias sobre famosos, marcando la agenda de la prensa rosa e incluso condicionando el contenido de revistas y otros programas de televisión. Durante casi 14 años fue el gran referente del entretenimiento en España con Belén Esteban, Kiko Matamoros, Lydia Lozano o María Patiño entre sus colaboradores. Sin embargo, en 2023 Mediaset decidió cancelar el formato, poniendo fin a una de las etapas más influyentes de la televisión española. Aunque muchos de sus rostros han continuado vinculados al universo del corazón a través de otros proyectos, el final de «Sálvame» marcó el cierre de una era irrepetible en la pequeña pantalla.

Mientras sonaba el «Waka Waka» como banda sonora del Mundial de Sudáfrica, Shakira y Gerard Piqué comenzaban una historia de amor que parecía destinada a durar para siempre. La cantante y el entonces defensa del FC Barcelona se convirtieron rápidamente en una de las parejas más poderosas y mediáticas del panorama internacional. Juntos formaron una familia con el nacimiento de sus hijos, Milan y Sasha, y durante más de una década fueron portada de todas las revistas. Sin embargo, la relación se rompió en 2022 tras conocerse la infidelidad del futbolista, desatando una tormenta mediática que incluyó canciones de despecho, disputas legales por la custodia de los hijos y un sinfín de titulares. Hoy, Shakira ha rehecho su vida en Miami y Piqué mantiene un perfil más bajo, centrado en sus negocios y su nueva relación.

El cambio en la crónica social española es un reflejo de cómo han evolucionado la sociedad, la monarquía, las relaciones personales y el entretenimiento en poco más de una década. Lo que entonces parecía inamovible se ha desmoronado, y lo que no existía ha emergido con fuerza, demostrando que en el universo del corazón, como en el fútbol, nada es para siempre.